Crece la costumbre de adaptar películas a series de televisión

Por Belauza – 20 de octubre de 2015

Por primera vez en la historia, en 2014 fue mayor el presupuesto de producción de tiras de ficción que el de filmes de Hollywood. mYa se estrenaron las versiones de Del crespúsculo al amanecer, Fargo, Minority Report, Scream y 12 Monos. Y hay muchas más en camino.

Con el estreno de la serie Minority Report, el pasado 22 de septiembre por la cadena Fox -que Latinoamérica disfrutó en simultáneo con Estados Unidos-, se puso en evidencia que hacer versiones en series de películas, más que una tendencia es una modalidad que irá creciendo conforme lo haga el mercado de las series, que parece no tener límite.

Si bien está lejos de ser la primera película convertida en serie, la originalidad de Minority Report es que continúa la historia iniciada por el famoso film protagonizado por Tom Cruise: la ficción sigue diez años después. Así, un década más tarde del cierre de PreCrimen, la empresa que a partir de los dotes premonitorios de tres hermanos que debían su vida de experimentos varios y a los que prácticamente la empresa tenía esclavizados, la historia regresa. Dash, Arthur y Agatha fueron librados a su buena fortuna y la policía pasó a resolver sus asuntos con otro tipo de tecnologías.

Es cierto que el tema de películas convertidas en series no es nuevo, pero actualmente son tantos los proyectos que se habla de epidemia o locura. Hay que llenar cada vez más horas de emisión audiovisual en cada vez más soportes y para un público más segmentado: la industria no da abasto. De hecho, ya en 2014 en Hollywood el presupuesto para series fue mayor que el destinado a películas (por primera vez en su historia) y se espera que la brecha en favor de las series se agrande este año.

Y así como de a poco dejan de ser novedad los estrenos simultáneos a nivel mundial, algo que el desarrollo tecnológico hará cada vez más común, también lo es que directores de cine encabecen producciones de series. Uno y otro punto están asociados: los tiempos se maximizan y los proyectos se llevan a cabo en paralelo, además de que en las series se concentra la mayor audiencia mundial, en especial porque el formato televisivo puede superar barreras que al cine se le dificultan, y eso lo hace, también, más rentable.

El caso de Netflix -que anunció su primera producción italiana, por ejemplo- es el más emblemático, y su éxito, seguido desde hace unos años por Amazon, hace prever más émulos y competencia, en especial luego de que se comprobó que el de la piratería no es un problema legal sino de las características del soporte: no hay manera de evitarla en la era del registro digital y eso produce un perjuicio en la comercialización cinematográfica que los sistemas de streaming tienden a aminorar.
“Cuando uno tiene 300 programas con guión en muchas redes diferentes, tener un título prevendido (en otro formato) ayuda mucho a la comercialización”, le dijo Darryl Frank, uno de los copresidentes de DreamWorks (la empresa que en los noventa fundaron Steven Spielberg, Kathleen Kennedy y Frank Marshall) a Hollywood Reporter.
Los títulos que ya conquistaron popularidad por algún otro medio serían un especie de seguro ante la dispersión de un público sometido a una oferta exponencial. Como agrega su colega Justin Falvey (también de DreamWorks): “En un entorno de aversión al riesgo un título (de cine) es un producto probado”.

Las que ya están

Scream, desde el 1° de octubre por Netflix, se sumó a la ya estrenada 12 Monkeys del primer semestre del año. Está acompañada por Limitless (también desde 1° de octubre, por Space), cuyo original data de 2011 (Sin límites, en Argentina): estaba protagonizada por Bradley Cooper, Abbie Cornish y Robert De Niro. Tanto el film como la serie cuentan la historia de Eddie Morra, un treintañero común que tiene la posibilidad de probar NZT, una droga súper poderosa que le permite usar “el 100 por ciento de su cerebro”. En cambio, la saga creada por Wes Craven, Scream, tiene historia y personajes nuevos, lo mismo que se vio en 12 Monkeys.

Al menos por ahora, lo único claro es que no hay un criterio a la hora de elegir qué film se lleva a serie. Lo que decide si se hace es, valga el Perogrullo, si hay posibilidades fácticas de hacerlo o no. El tema es bastante intrincado por dos motivos principales: uno, el legal; el otro, la movilidad laboral propia de la industria. En el primero punto hubo fallos judiciales que indicaron que la explotación de una historia en el formato televisivo no le debe regalías a las originada en cine, una especie de vía libre para el negocio, ya que muchas veces se trata de franquicias para la explotación en un formato y no en otro. De lo contrario, los costos (por pago de derechos) serían prohibitivos.

Pero el business no es sólo business. Al menos no cuando se hacen entre personas que se sientan a una mesa, por más que se trate del representante de tal o cual. Así, la movilidad laboral aconseja no llevarse mal con nadie, porque el que hoy es competencia, mañana es socio; y viceversa, Y si se odia a alguien, que no se note (o que no impida el negocio). A principios de este mes Cameron Crowe puso en stand-by el proyecto de la NBC para llevar a serie la película que escribió y dirigió en 1989, Digan lo que quieran (con John Cusack y Ione Skye). Y con sólo un tuit. “[John Cusack, Ione Skye] y yo no tenemos ninguna participación … excepto al tratar de detenerlo”, puso en el espacio de los 140 caracteres. También los descendientes de John Hughes expresaron su preocupación por el anuncio de ABC de una remake en serie de Tío Buck al rescate (de 1989, escrita y dirigida por Hughes).

Por el momento, lo único cierto es la suerte dispar. Así como en 2013 From Dusk till Dawn (Del crepúsculo al amanecer, de Robert Rodriguez, 1996), resultó un éxito comercial en buena medida debido a su estrategia (fue lanzado en el principal canal latino de Estados Unidos), y Fargo, en sus diez episodios, artísticamente, resultó superior a la creación de los hermanos Coen (y ya tiene segunda temporada en rodaje), otras pasaron con más pena que gloria (como Las aventuras del joven Indiana Jones -1992-, precuela televisiva por la ABC) y hasta las hubo que no dejaron conformes ni a los fans, como Freddy’s Nightmares.

Si bien sobran anuncios de producciones futuras y seguramente al cerrar este artículo aparecerán más (el más reciente es La boda de mi mejor amigo), no quiere decir que la estrategia sea definitiva, y tampoco que la serie se convirtió en la reina de la narración audiovisual como lo fue el cine en el siglo XX. Como sucede en otras expresiones artísticas, lo que hay son fronteras permeables entre los formatos, límites imprecisos por donde parece mezclarse el agua y el aceite. Es esa falta de certidumbre -algo impensado en el siglo pasado- la que habilita una especie de vale todo que no es tal, sino el sencillo de buscar nuevas respuestas a nuevas necesidades.

Algo de historia

Las series que deben su vida a una película no son novedad. Una de las más antiguas es Extraña pareja (Walter Matthau y Jack Lemmon, 1968), cuya adaptación llegó apenas dos años después de la exitosa película, y tuvo 114 capítulos en cinco temporadas (terminó en 1975).

Nikita, la película de Luc Besson, por ejemplo, tuvo dos series: La Femme Nikita (1997) y Nikita (2010).

Otro caso curioso fue el de Locademia de Policía (1984), que comenzó como film y terminó como serie animada en 1988, para luego tener un spin-off 1997. Así y todo, hay intentos de revivir la franquicia.

Las que se vienen: Terminator, La isla siniestra, Escuela de rock y mucho más
Las estrategias de “revivir” historias de películas son de lo más variadas, igual que sus estados de desarrollo: algunas están a punto de estrenar y otras recién en búsqueda de los protagonistas.

La más llamativa es la de Terminator, cuyo regreso al cine está asociado a una incursión en televisión. Lo que se vio en 2015 fue la primera entrega de una trilogía, y será acompañada con una serie de TV que estará ligada: se comenta que las historias de ambas estarán entremezcladas.
Ashecliffe es un proyecto de HBO y Paramount que será la precuela de Shutter Island (La isla siniestra, 2010, de Scorsese y con DiCaprio. Se especula que Scorsese dirigirá el piloto.

Frequency, thriller de ciencia ficción con Dennis Quaid y Jim Caviezel, se convertirá en una serie de la mano de Jeremy Carver, uno de los creativos de Supernatural.

Quisiera ser grande (1988), que lanzó a la popularidad a Tom Hanks, es un proyecto de la Fox, al igual que Hitch (2005, con Will Smith).

Paramount anunció una serie basada en The Truman Show (1998, con Jim Carrey). Y CBS
hará en 2016 Rush Hour (Una pareja explosiva,1998, con Jackie Chan y Chris Tucker).
Escuela de rock (2002), con Jack Black, tiene casting bien avanzado, canal de emisión seguro (Nickelodeon) y fecha prevista en algún momento de 2016. La historia, igualita.

Let the Right One In (Criatura de la noche: Vampiro, 2008), basada en la novela del mismo nombre, cuya serie contará la misma historia en 2016.

The Expendables (Los indestructibles, 2010), fue escrita, producida y protagonizada por Sylvester Stallone. Ahora será una miniserie en Fox.

Westworld, de Michael Crichton, es anunciado por HBO para este mes, la historia es igual a la original, y tiene como protagonistas a Anthony Hopkins, James Marsden, Evan Rachel Wood, Miranda Otto, Rodrigo Santoro y Ed Harris.

La profecía (1976) es un proyecto de A&E que contará una precuela. Y American Psycho tendrá su secuela.

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