Un delegado y un redactor del matutino que nació en 1982

El diario Tiempo Argentino tuvo una primera etapa entre 1982 y 1986. La visita de dos compañeros delegados del diario de esa época nos permitió evaluar las continuidades u diferencias con aquella lucha heroica de los años de la primavera democrática. Un recorrido por la memoria del gremio de prensa, desde el fin de la dictadura hasta la lucha que protagonizó aquella primera redacción. Palabra viva de una lucha inolvidable.

“El paro frenó el intento de copamiento y de desalojo de la redacción por parte de la cana y la Gendarmería” explica Eduardo de la Fuente. El Pelado, como se lo conoce en el gremio desde hace años, estuvo días atrás en la redacción de Tiempo junto con Nelson Marinelli, ambos integrantes de la redacción (y de la lucha) de la primera versión de Tiempo Argentino en la década del 80: “Lo decisivo en aquel momento fue que se anunció por las radios comerciales que estaba la guardia de infantería tratando de desalojarnos y se gestó un paro cuasi espontáneo –decretado por la en ese momento flamante Utpba– y pararon todas las redacciones y vinieron los compañeros de todos los medios para evitar la represión”, explicó De La Fuente.
Tiempo Argentino tuvo una primera etapa entre 1982 y 1986 y su director fundador fue Raúl Horacio Burzaco. Era un diario “ágil y moderno” de formato tabloide y con un logo (el mismo que usa Tiempo en estos días) muy vanguardista para la época. Iban a pasar varios años hasta que la prensa argentina incorporara esos nuevos conceptos de diseño y presentación de los títulos, para eso tenía que llegar Página 12, en 1987.

Sobre finales de la dictadura, el grupo Bulgheroni (uno de los más poderosos del país) necesitaba un medio para hacer lobby por el negocio petrolero. Pero en el 85 se desinteresó –probablemente porque ya había logrado lo que se proponía– y el diario fue adquirido, al menos en parte, por el partido que estaba en el gobierno: en ese entonces, el radicalismo.

Sergio Szpolski –de confiesa militancia radical por esos años– compró en 2010 la marca de ese diario que algún recuerdo le traía para relanzar la versión actual. Pero son muchas las continuidades entre las dos historias. Marinelli sigue contando: “Nunca hubo censura en el diario. Había una línea editorial clara y, como todas las patronales de los diarios del mundo, mientras no tocaras los intereses de los dueños, podías decir casi cualquier cosa”.

Los dos compañeros trabajaban en la sección Economía y De la Fuente fue delegado de ese primer Tiempo. Según su recuerdo, la actividad gremial en la última etapa de la dictadura era intensa y por momentos, clandestina. “Recuerdo que una vez tuvimos una asamblea a la que vinieron inspectores del Ministerio a ver qué decidíamos; según lo que se resolviera podían declararnos ilegales”. La solución fue casi graciosa: los compañeros votaban por “Opción Uno” u “Opción Dos”, sin que las autoridades supiesen cuál era cada opción.

Adelante radicales

El cambio de manos, ya en democracia, modificó bastante las cosas. Al principio parecía raro que la Junta Coordinadora Nacional (rama “juvenil” de la UCR, que vivió un estigma similar al de La Cámpora en tiempos del kirchnerismo) comprara un diario vinculado a la dictadura. “Nunca terminó de quedar claro –dice Marinelli–cómo fue que, de un diario de los Bulgheroni y el socialcristianismo alemán se llega a la Coordinadora y Luis Cetrá (hoy dueño de Radio Rivadavia) aparece como comprando el diario”. De La Fuente recuerda que el cambio de gestión afectó el trato de la empresa con los delegados. “Cetrá era muy maleducado, al lado de él, Burzaco era un caballero”, dice. Y los compañeros de Radio Rivadavia que padecen por estos días los desmanejos de la familia Cetrá al frente de esa emisora seguro pueden dar testimonio de eso. “Y además los delegados de gráficos y prensa ya no pudimos volver a reunirnos con él como acostumbrábamos con la gestión anterior”, rememora el Pelado.
Y acá aparece, dolorosamente, otro de los paralelismos entre las dos historias del diario: según De La Fuente “hasta ese momento Cetrá no tenía experiencia con medios, venía de vaciar tres frigoríficos”. Teléfono para Martínez Rojas.

Los trabajadores del primer Tiempo Argentino no tuvieron, sin embargo, señales que indicaran el cierre. “Fue intempestivo, un día llegué más temprano a la redacción, vi que estaban vaciando la administración y ahí empecé a llamar a todos los compañeros y tomamos la planta ese mismo día”, recuerda De La Fuente.

Tiempo es de todos

Cualquiera que haya escuchado el relato de quienes participaron de aquellas jornadas heroicas de nuestro gremio saben de la explosiva e inmediata solidaridad que se desató cuando se supo que estaban tratando de desalojar la redacción de Tiempo Argentino con la fuerza pública. Los trabajadores de Crónica y Télam, recuerda el anecdotario, desviaron colectivos –con aprobación de los choferes– para llegar rápido al conflicto de Tiempo.
“Los compañeros del gremio llegaron de a centenares para impedir que entrara la cana –recuerda emocionado Marinelli–. Estábamos nosotros adentro y todo el edificio rodeado de compañeros. Fue tan potente el paro que hasta los que nos detestaban hablaban por la radio y convocaban al gremio a parar y venir a la redacción de Tiempo, que quedaba en el edificio que había sido de La Opinión, de Jacobo Timerman”.

Eran otros tiempos, además. Los diarios necesitaban mucha más cantidad de trabajadores para salir: Tiempo tenía cerca de 400 trabajadores de prensa sin contar a los gráficos. Y había, además, otro componente que cambiaba de manera cualitativa al gremio: los diarios tenían una sección en general bastante grande que se llamaba Expedición y que consistía básicamente en el movimiento de paquetes de ejemplares de diarios. “Esa sección le daba a las redacciones un contenido obrero muy importante”, recuerda De La Fuente. “Expedición de Tiempo Argentino eran diez o quince compañeros, porque ya para esa época había métodos más modernos de logística, pero Clarín y La Nación tenían trescientos o doscientos empleados en esas áreas y paraban ellos y no salía el diario”.

Y también influía el contexto: le reciente recuperación democrática convocaba a la movilización. “La toma duró seis meses –recuerda Marinelli– pero como había mucha interna política porque estaba metida la Coordinadora, fuimos consiguiendo que nos pagaran los sueldos unos meses, aunque cada vez nos costaba más a medida que avanzaba el calendario”. Durante la toma, los trabajadores llegaron a sacar cuatro números del diario en poder de los trabajadores. Salía muy parecido al Tiempo habitual, aunque había algunas notas de la Comisión Interna explicando la situación gremial. “Pero logramos hasta vender publicidad para la edición del diario de los trabajadores”, recuerda el Pelado, entre risas.

La lucha fue muy larga. El fin de la toma llegó con una negociación, una vez que quedó claro que nadie tenía interés en seguir sacando el diario. “Nos llevamos una indemnización chica, creo que de un par de meses cada uno, pero ya habíamos sacado parte de esa indemnización en forma de salarios durante la toma”, dice Marinelli. «

Unidad de los trabajadores

Cuando estalló el conflicto de Tiempo, hacía poco que se había unificado el gremio de prensa en la Utpba. Hasta ese entonces, había dos sindicatos con personerías jurídicas irregulares (porque la ley de Sindicatos sólo permitía un gremio por rama y por distrito): el Sindicato de Prensa, de origen peronista y la Apba (Asociacion de Periodistas de Buenos Aires), con un tinte quizás más profesionalista, que tenía casi el triple de afiliados que el Sindicato. “Se hizo un plebiscito para saber si todos estaban de acuerdo en la unificación –recuerda Marinelli–. En Tiempo fue muy importante porque la mitad de los trabajadores pertenecía un gremio y la otra mitad al otro”. Una vez que el plebiscito aprobó la unificación, se marchó hacia las elecciones, que en ese entonces ganó la lista Tricolor encabezada por Juan Carlos Camaño quien todavía hoy dirige los destinos de la debilitada Utpba. La unidad del gremio fue una de las circunstancias que permitieron la movilización masiva de los trabajadores de prensa en defensa de la fuente de trabajo.

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