El costado oscuro de Sergio Szpolski y sus vínculos con el “Coti”

El origen radical del empresario de medios no sólo conecta con el poderoso operador Enrique “Coti” Nosigilia, sino con una vasta red de espías encabezada por Antonio Stiuso. Se trata del mismo entramado político que ahora le permitió a Mauricio Macri tener el control total del aparato de espionaje, mediante hombres como el Tano Angelici.

Sergio Szpolski representa mucho más que un empresario de medios. Leyendo entre líneas la trama criminal de la historia argentina en las últimas tres décadas, podría decirse que el vaciador serial es otro engranaje del grupo de poder que se enriqueció, y lo sigue haciendo, con el dinero del Estado.

Sus socios y jefes son conocidos. La asociación ilícita que integra tiene tentáculos que en la actualidad ejecutan los destinos del país. Son hombres que el lector medio conoce pero en otras actividades, alejadas de las cajas negras que alimentan la codicia organizada.

Los muchachos que protegen a Szpolski son dueños de empresas “respetables” como panificadoras, presidentes de clubes de fútbol, cajeros del espionaje criollo, abogados de encumbrados funcionarios, “expertos” opinadores sobre la seguridad ciudadana, promotores de la venta de armamento y seguridad inteligente. Hombres que se escudan en actividades públicas para beneficios privados.

Hace una semana, Gustavo Vera, legislador porteño por Bien Común y referente de la Alameda, denunció lo evidente. Que Horacio Antonio Stiuso (ex director de la SIDE), su actual esposa, María Cecilia Rossero; el nuevo Secretario de Finanzas de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI, ex SIDE), Juan José Gallea (ex director del Grupo 23); el empresario Matias Garfunkel, y el abogado Dario Richarte, entre otros, manejaban fondos del Estado y lavaban el dinero a través de sociedades anónimas. Todos allegados a Szpolski, que por estas horas sigue refugiado en su barrio privado de Tigre, donde intentó ser intendente por el Frente para la Victoria sin éxito alguno.

Enrique “Coti” Nosiglia es otro de los nombres que rodea al empresario que fundió el Banco Patricios y estafó a más de 800 trabajadores de prensa. El misionero es el operador político de excelencia en el ámbito nacional, actualmente desembarcó en la DAS, la obra social del Congreso de la Nación, junto al empresario Luis Barrionuevo, y fue quien acercó a Matías Garfunkel a la sociedad del Grupo 23. El año pasado, el matrimonio de negocios finalizó de manera escandalosa y el marido de Victoria Vanucci escupió su dolor por las redes sociales con tono adolescente.

Respecto a los vínculos con espías, vale la pena recordar los antecedentes de algunas piezas del ajedrez delictivo. Aclaración: cualquier cosa que roce la ciencia ficción es la pura realidad. Aquí va. Fuentes consultadas por Por Más Tiempo coincidieron en señalar que Szpolski se refería a Juan José Gallea como su “jefe”. Esta relación, nacida en el fragor del gobierno de la Alianza, se intensificó durante la era K. Sin pauta oficial, Gallea volvió a manejar los números de la inteligencia. Su socio Darío Richarte ahora integra la comisión directiva de Boca Juniors, junto al hijo de Nosiglia, y Jaime Stiuso regresó al país, luego de autoexiliarse en Estados Unidos. Esta semana, el number one de los services volvió al ruedo mediático y “apretó” al abogado Luis Moreno Ocampo en un programa de televisión.

Stiuso se mostró temerario, quizás porque siente que ya nadie podrá detenerlo. Sus vínculos con el macrismo no son un capricho del destino: son relaciones aceitadas durante décadas. Un ejemplo válido es el de Raúl Martins, amigo personal del espía y ex agente de la SIDE.

Tiempo atrás, cuando todavía no se había afincado en México, Martins proveía los videos sexuales de funcionarios públicos de relieve que Stiuso usaba para extorsionar y sumar poder.

“Martins entró a la SIDE en 1974, Jaime en el 72 y el “Lauchón” Viale en el 76. Se hicieron amigos. Los videos de Martins eran para protección propia. La SIDE le avisaba que teléfonos tenía pinchados en su organización. No les tocaba el culo nadie”, contó una fuente cercana al trío. Hoy, Martins tiene cinco pasaportes y millones de dólares en las Islas Caimán. Además de la cobertura de narcos mexicanos con los que hizo negocios prostibularios.

La llave de entrada de Martins a tierras aztecas se la entregó el abogado Carlos Salvatore, hoy detenido por tráfico de cocaína. De Salvatore se dice que tenía estrechos vínculos con los servicios de inteligencias israelíes y estadounidenses, los mismos que les achacan a Jaime Stiuso y Sergio Szpolski.

“Salvatore era el abogado de Martins. El tipo levantaba el teléfono y arreglaba cualquier asunto. En su anterior estadía en un penal conoció a Claudio Novarese, que vive en México y lo contactó con tratantes de Tijuana. Le llevó mujeres a cambio de un porcentaje en el negocio y allá se quedó”, apuntó otro vocero.

Los vínculos de los ex espías rozan al Cartel de Los Zetas. “A Martins lo llaman para avisarle cuando cambian jefes de zona de los Zetas. Tienen fortuna y ahora van a tener cobertura: no hay que olvidar que aportaron fondos para la campaña de Macri, cuando se postuló para jefe de gobierno porteño”, disparó la fuente.

Famosa es la foto del hoy presidente de los argentinos junto a su esposa Juliana Awada en el prostíbulo “Mix” de Cancún, propiedad de Martins y sede de operaciones de Los Zetas. En la imagen, también aparecía Gabriel Conde, dueño del prostíbulo argentino Shampoo e hijo de Luis Conde, ex vicepresidente de Boca. Un dato no menor es que el estadio cubierto del club que funciona como usina de negocios del PRO lleva el nombre del dirigente fallecido. De más está aclarar que el actual presidente de la institución xeneize es Daniel Angelici, uno de los operadores macristas en la justicia federal. Nuevo rostro de un monstruo que sigue funcionando a costas del Estado.

Los muchachos radicales

Además de su afición por el dinero mal habido, Sergio Szpolski comparte con sus socios otra tradición: el radicalismo, movimiento político que llevó a Raúl Alfonsín a la presidencia post dictadura, que ayudó a Fernando De la Rúa a caminar los cien pasos que lo separaban de la Casa Rosada, y que el año pasado volvió a colocar a un aliado en el sillón de Rivadavia.

Es sabido que la historia merece ser leída como una película. La trama de esta novela de vaciamientos tiene su antecedente durante el mandato alfonsinista, con el diario Tiempo Argentino, colonizado por soldados de Enrique “Coti” Nosiglia y cerrado en las mismas circunstancias que el actual medio gráfico. No hay casualidades, los personajes aquí mencionados actúan con pulso quirúrgico cuando de negocios se trata.

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