Al mal Tiempo buena cara

Los trabajadores superaron la prueba que les puso el clima. No sin vacilaciones y amargura, pero con alegría y decisión, defendieron el festival y recaudaron $ 14 mil para el fondo de lucha.

El tiempo jugó una mala pasada. Pero no pudo ganar la partida. A la incertidumbre generada por la patronal y el Ministerio de Trabajo, se sumaron, a media tarde del viernes, los nubarrones y las lluvias dispersas en distintos puntos de la ciudad. Los grupos de whatsapp ardían. “Acá no llueve, eh”, “che, acá diluvia, ¿no se hace el festival, no?” Eran las 19 y en la calle Amenábar 23 caía un chaparrón pesado. La radio abierta con periodistas solidarios que estaba planificada como la apertura de una gran jornada cultural callejera para recaudar fondos, tuvo que realizarse finalmente en los estudios de Radio América. Un éxito en toda la línea, pero a costa de dejar huérfana la agenda posterior. La calle estaba oscura, mojada y vacía. Moribunda. Eran las 20.

Hubiera sido fácil suspenderlo, quizás también una decisión razonable. Pero hubiera sido un error. A las 20:30 ya no llovía pero nada estaba armado, y el pronóstico era reservado aunque pintaba que no volvería a llover. La duda carcomía a los trabajadores que, lógicamente, no eran la cantidad que se esperaba para afrontar la actividad que habían soñado. “¿Vale la pena hacerla? ¿No será mucho esfuerzo al pedo? No podemos tropezar”, “¿y si no llueve más y vienen al menos 100 personas, qué perdemos?” Nadie tenía del todo claro cuál era la decisión correcta. O cuál la menos mala.

La Asamblea de los que estaban presentes en Tiempo se sacó la modorra y superó las vacilaciones cuando un compañero preguntó… ¿podemos ganar plata para el fondo de lucha? ¿Hay algo mejor que hacer ahora? “Si vendemos dos patis y una cerveza ya estamos  ganando”, retrucó otro. No se habló más. En 20 minutos, incluidos los trabajadores que legítimamente consideraban que no valía la pena hacerlo, organizaron la barra, las luces, los parlantes, la parrilla y empezaron a tuitear y enviar whatsapp a sus amigos, organizaciones que nos acompañan y compañeros del gremio. Era tarde, el daño estaba hecho, pero no había nada que perder.

Los parlantes ya emitían la radio abierta hacia la calle, mientras se prendía el fuego. “¿Y los patis?” “Uhhh que boludos!! Quedaron en el almacén de la esquina que cerró a las 21hs”. Otro golpe. Timbreo relámpago en el barrio preguntando por el domicilio del almacenero. Problema resuelto. Ya nada malo podía pasar. Y no pasó.

Ahí nomás arrancó el grupo de sikuris liderados por Carmelo Sardinas, el referente de la comunidad boliviana, docente de cultura andina y compañero de militancia de Rodolfo Walsh. Luego fue el turno del grupo de teatro Embelesados por el clown que arrancó las primeras sonrisas relajadas a los trabajadores que, de a poco, se empezaron nuevamente a sentir cómodos y convencidos. La gente, poca, es cierto, se iba sumando.  La performance de clown iba en ascenso y ya la gente se preparaba para lo que vendría. Los clown concluyeron con un saludo de los siete artistas en boca de uno de ellos, Sergio Villamil, el padre de Soledad que ya se había solidarizado con el conflicto. Ovación y abrazos fraternales. “Patis para los payasos que tienen hambre!”. “No, boludo, se acabaron!” Un papelón, pero ya se había vendido más de lo planificado…

Luego vendría el candombe del grupo “Los tambores no callan” al que pertenecen las delegadas de El Argentino Norte, que, mientras luchan a brazo partido, siempre encuentran un momento para bailar en la calle. La delegada de El Argentino Sur seguía despachando bebida junto con “Sub-zero”, el hombre que más sabe de hielo en el G23 y quién jamás venderá una cerveza fuera de temperatura.

Finalmente, ya tarde, un símbolo de esta lucha, Laura La Duquesa que nos acompaña con su cumbia combativa desde el primer día. Allí empezó el baile callejero cuando ya las dudas habían quedado atrás.

Al cierre, los “cuarentones” tomaron el control del sonido poniendo fin a la cumbia y el reggaeton: música disco, Erasure, Queen, Michael Jackson para bailar y saltar hasta bien entrada la noche. Desarme con entusiasmo y…. $ 14.000 para el fondo de lucha.
No fue cómo lo soñaron, la lluvia metió la cola pero otro ejemplo de que la salida siempre es para adelante. Misión cumplida.

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