Ni Boca se salvó de la salvaje ola de despidos del macrismo

A Arruabarrena le pincharon los globos amarillos que tanto defendió. El Tano Angelici, siempre fiel soldado del actual presidente de la Nación, arrojó por la ventana al técnico xeneize y a las pocas horas (oh, casualidad…) lo reemplazaba por los mellizos Barros Schelotto. Un accionar que no debe sorprender. De eso modo actúan los muchachos en el club de fútbol que manejan como su propia empresa; tal como lo hacen con el propio Estado.

“Mi presidente”, era la particular manera que tenía Rodolfo Arruabarrena de llamar a Daniel Angelici. Ya no lo es. El Vasco fue despedido por su presidente luego de un puñado de partidos y sin demasiados motivos. Algo parecido ocurrió con muchos trabajadores que votaron al PRO y poco tiempo después fueron echados de sus trabajos, sin razones válidas.
El 6 de diciembre último, el macrismo celebró su último triunfo electoral en un 2015 inolvidable para los globos amarillos: Daniel Angelici logró la reelección como presidente de Boca. Días antes, Arruabarrena había sentenciado: “Si no gana Angelici, me voy de Boca”. El Vasco vivía sus días más felices como entrenador. Acababa de salir campeón del torneo local y de la Copa Argentina. Apenas tres meses después, Angelici echó a Arruabarrena y lo dejó sin laburo.

Según una de las acepciones más difundidas, el karma explica los dramas humanos como la reacción a las acciones buenas o malas realizadas en el pasado más o menos inmediato. A partir del 10 de diciembre último, muchas personas que se inclinaron por el macrismo se quedaron sin trabajo. Puede haber cierto  efecto kármico en esto. En las redes sociales, muchas personas mostraron su decepción al sentirse estafadas por el gobierno de Macri. “Voté a Macri y me la tengo que comer doblada”, expresó con sinceridad y sin filtro una periodista de DeporTV, medio estatal que cesanteó a 120 trabajadores. Arruabarrena no fue tan contundente y sólo atinó a decir que aún le “quedaban energías para seguir”.

La lista de despidos en el Estado es interminable, se actualiza día a día y ya es difícil establecer un número exacto, pero se sabe que superan los 25 mil. Además, hace unos días, el Gobierno advirtió que están analizando 25 mil contratos de empleados públicos firmados durante los últimos tres años y podrían concretarse nuevos despidos en los próximos días.

“Tenemos todos que trabajar para cuidar el empleo y poder salir al mundo y creo que en ese camino vamos a cuidar el empleo argentino. Entonces, no vamos a tener ningún conflicto social, sino al contrario, va a venir a la Argentina un proceso de inversión muy importante”, dijo Macri el 12 de enero. En La Boca, el discurso post despido de Arruabarrena fue muy similar, en términos de contradicción. “Se va un hombre de la casa después de haber protagonizado un ciclo muy exitoso. Quiero agradecer al Vasco. Él es un hombre que representa lo mejor de la tradición boquense (…) Como jugador primero y como técnico después, Arruabarrena demostró siempre su amor por el club”, escribió Angelici. “Entonces, ¿para qué lo echás?”, es la pregunta que surge del inconsciente. La escena tragicómica recuerda a la última Navidad, cuando Macri felicitó personalmente y ante los medios a un trabajador de la Casa Rosada, al que llamó MacGiver, y lo despidió 45 días después.

Estas líneas no pretenden poner en la misma bolsa a un trabajador que se quedó en la calle con Arruabarrena, quien no tendrá problemas en solventarse económicamente. Pero sí repasar un escenario que muestra de manera simbólica las profundas contradicciones del macrismo, en relación con sus empleados, y la desidia que les toca vivir a muchos de los que hicieron posible la llegada de ese cuadro al poder. La ironía del caso del Vasco se presta para el humor. Bien podría tratarse de un guión de Mel Brooks. Pero no lo es; es un caso simbólico de una realidad horrible que le toca vivir a muchos argentinos: el karma del laburante que votó al macrismo.

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