La UCR arranca el año legislativo con un debate sobre el destrato del PRO

Por Demián Verduga

Hay malestar por la falta de consulta frente a las medidas de gobierno. Los críticos quieren una estrategia propia para las legislativas de 2017.
Están convencidos de que ambas fuerzas deben competir y apuestan a que a sus socios los debilite la ausencia de Vidal y Macri en las listas.

Hay un dicho popular que afirma que el silencio dice más que mil palabras. La frase es un buen punto de partida para describir la realidad interna de la Alianza Cambiemos, a 24 horas de que Mauricio Macri brinde su primer discurso de inauguración del período de sesiones ordinarias del Congreso Nacional. Es un buen punto de partida porque el principal aliado del ex jefe porteño, la UCR, fuerza que brindó la plataforma territorial que el PRO no tenía, ha mantenido un profundo silencio durante los primeros 80 días de gobierno de Macri. Por supuesto que no fue una regla monolítica. El radical Oscar Aguad, por ejemplo, ministro de Comunicaciones y amigo personal del presidente, defendió las medidas del oficialismo y lo mismo sucedió con algunos diputados nacionales. Sin embargo, quien haga el ejercicio de recorrer los diarios desde el 10 de diciembre hasta ahora notará que no abundan dirigentes boinas blancas defendiendo al oficialismo.

“Incluso desaprobando muchas de las medidas, si este fuera nuestro gobierno, yo saldría a defenderlas”, le dijo a este diario un diputado nacional de la UCR por la provincia de Buenos Aires, mostrando estar dispuesto a los sinsabores de la disciplina partidaria, pero no con el actual Ejecutivo.

El punto central de la discordia radica en una frase que el actual presidente pronunció cuando todavía era precandidato, antes de las PASO de agosto pasado. A través de sus voceros más cercanos, Macri sostuvo que si ganaba Cambiemos “no habría un gobierno de coalición”. Esta promesa se ha cumplido a rajatabla. Algunos de los principales referentes del radicalismo, incluidos los jefes de las bancadas parlamentarias, reconocen por lo bajo que el Ejecutivo nacional no consensuó ninguna de sus políticas con ellos. “Una coalición es acordar las medidas que se toman”, se quejaron. “Así que podemos claramente afirmar que el partido no es parte del actual gobierno”. Los más duros, en la cumbre de legisladores de la UCR que se celebró el miércoles pasado en Luján, incluso sugirieron “pegar el faltazo el 1 de marzo”.
La idea por supuesto no prosperó porque tendría más costos políticos que beneficios, pero muestra el mal humor creciente por el “destrato” al que se sienten sometidos los boinas blancas, que en muchos casos no aprueban el nítido perfil neoliberal de varias de las decisiones tomadas por el macrismo.

Del lado del PRO, el encargado de calmar las aguas del radicalismo hasta ahora ha sido siempre el principal armador político de Macri, actual presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, que “promete” más apertura a partir del inicio de las sesiones ordinarias, que será mañana.

La mirada en 2017

En política -se sabe- una vez que se termina una contienda electoral se comienza a pensar en la siguiente, por más que falten dos años. Esto ocurre también dentro de Cambiemos y genera fisuras en la UCR. El sector más enojado con el macrismo, entre los que se encuentran los dirigentes bonaerenses liderados por Ricardo Alfonsín, sostiene que para fortalecer el partido dentro de la coalición tiene que haber “competencia en las PASO” de 2017, para definir las listas de los diputados y senadores nacionales que se renovarán ese año.

“Es la forma que tenemos de no diluirnos y de ganar territorio dentro de Cambiemos para negociar mejor con el PRO”, remarcaron a Tiempo quienes defienden esta posición. Agregaron además que, en esa contienda electoral, el macrismo “no contará con el efecto arrastre” de María Eugenia Vidal y del propio presidente, en caso de celebrar una interna abierta. “Tenemos que sacarnos de encima el lastre del 3%”, remarcaron, en clara referencia al porcentaje de votos logrado por Ernesto Sanz en la competencia por la candidatura presidencial de Cambiemos en las PASO del año pasado. De hecho, sostienen que la magra cosecha del mendocino explica su dificultad para negociar mejor con los amarillos.

También hay posiciones contrarias a la que se acaba de describir, sobre todo de quienes están involucrados en la gestión, como el vicegobernador bonaerense, el radical Daniel Salvador. En el entorno del segundo de María Eugenia Vidal aseguraron que “hay que buscar una lista de unidad y evitar las primarias” dentro de un año y medio. Señalaron que una competencia interna en Cambiemos podría “debilitar” la coalición frente al peronismo. Esta posición, claro, es compartida por la plana mayor del PRO.

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