La Academia se llevó el primer chico, pero los dos piensan en lo que viene

Por Nicolás Zuberman

Para Racing la victoria significó un gran empujón anímico por tratarse de un clásico. Pero el equipo de Sava, como en las épocas de Cocca, priorizó la solidez en defensa a las ganas de atacar. Boca volvió a fallar atrás: lo atacaron una vez y le convirtieron. Ambos volverán a verse dos veces en 45 días por la Copa. Y el domingo al equipo de Arruabarrena se le viene el Superclásico.

Anoche, en Avellaneda, se vino a comprobar aquello de que al que madruga Dios lo ayuda. Porque esa es la única manera de explicar por qué Racing se llevó el triunfo ante Boca, en lo que resultó el duelo previo a lo que será el choque del jueves, por la Libertadores, en una Bombonera vacía. Apenas iban diez minutos de partido, cuando el colombiano Roger Martínez le metió un tacazo a un centro de Leandro Grimi, en lo que fue la jugada más ofensiva del equipo local. Grimi, lateral izquierdo, recibió en el área tras un envío de Iván Pillud, el lateral derecho. Fue, al cabo, la única aproximación clara de un cuadro que no mostró demasiada vocación ofensiva. Fue, también, otra muestra de lo endeble que es la defensa xeneize: la atacaron una vez y le convirtieron.

En el Cilindro se cruzaron dos equipos que intentaban enderezar su rumbo en el torneo local pero que estaban más pendiente de lo que pueda suceder dentro de unos días, cuando se vuelvan a encontrar para un duelo clave que empezará a definir la suerte de ambos en el grupo 3 de la Copa. Quizá por eso el partido haya salido tan chato, podría pensar algún optimista.

Otro más crítico podría definir que este Racing de Facundo Sava nunca terminó de sacarse la ropa del de Diego Cocca, aunque venga de una buena producción la semana pasada ante el Bolivar. La Academia continúa con la base que tanto resultado le dio el último año y medio: lo primordial es la solidez defensiva, por eso juega tan cerca de su propio arco. De a ratos, asoma la presión que pretende el Colorado. Pero sólo de a ratos.

Y Boca volvió a desnudar todas sus falencias defensivas y grupales. Durante todo el primer tiempo, con Sebastián Palacios como wing y Carlos Tevez retrasado hasta pararse al lado de Fernando Gago, no hubo jugadores xeneizes que pisaran el área. Así se mostró el equipo del Vasco Arruabarrena: débil en las áreas. Porque el local le dio pelota y terreno, pero nunca encontró los caminos para llegar al empate. Ni siquiera apareció el amor propio.

Habrá que ver qué piensan los entrenadores de acá al jueves. Para Sava la mayor alegría son los tres puntos, para cerrar una semana redonda con el empate agónico en el clásico de Avellaneda y la goleada al Bolivar. Y también la respuesta que dieron sus delanteros, donde más variantes tiene el entrenador. El colombiano Martínez, que ya había brillado el miércoles pasado, ayer se anotó con un gol importante. Diego Milito, otra vez titular, mostró su oficio. Gustavo Bou, que volvió a jugar tras dos ausencias por una sobrecarga en el bíceps femoral de su pierna izquierda, terminó sin problemas. Y Lisandro López, que venía de racha, se vio el triunfo desde el banco de suplentes. Muchos nombres para dos lugares, pero una respuesta para este calendario apretado.

El primer chico quedó para Racing. Sólo porque pegó de entrada y supo aguantar. Ahora, en la Bombonera llegará el segundo capítulo. Aunque para este Boca de Arruabarrena seguirá siendo la previa de lo que viene: el superclásico del domino y los nubarrones que nunca se van del horizonte.

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