El círculo rojo se viste de negro

Por Juan Carlos Junio

El círculo rojo se presentó nuevamente. Esta vez, para favorecer a su representante en “este lejano lugar de la tierra”, el recientemente electo ingeniero Mauricio Macri. Cuando el Presidente comenzó a desgranar los nombres de su futuro gabinete salió a la luz la identidad del verdadero inspirador y articulador de su fuerza política: las grandes corporaciones extranjeras. Así decidieron que era su momento para intervenir el Estado sin ninguna mediación e impusieron “ministros” de la Shell, la General Motors, el HSBC, el JP Morgan y otros monopolios mundiales. Cierto es que hubo alguna excepción, como el ministro de Agricultura representante de la oligarquía de CRA (Confederaciones Rurales Argentinas). Claro que todos operan desde sus sedes nativas, aunque sus utilidades irremediablemente son remesadas a sus casas matrices en las grandes capitales ultramarinas de EEUU y Europa. El círculo observa con gran preocupación que, a solo 60 días de gobierno, la aplicación de su plan económico ya genera desazón e incertidumbre en algunos, arrepentimiento y culpa soterrada en otros y bronca en los que nunca creyeron en la alegría macrista.

El círculo se vistió de negro, su verdadero color, y se lanzó a una gran operación política, mediática y judicial: atacar frontalmente a la ex presidenta Cristina Kirchner, a quien fuera su presidente en el Banco Central, Alejandro Vanoli, y al exministro de Economía y actual diputado, Axel Kicillof. El grito de guerra, nacido desde el vientre del marketing político, es “basta de malas noticias para nuestros muchachos”. Así fue que decidieron, una vez más, usar de cabeza de turco a un juez de la servilleta menemista, apto para todo servicio, y lo que es peor, a dos legisladores que oficiaron de denunciantes: el presidente provisional del Senado Federico Pinedo, -el mandatario más breve de la historia Patria- y el diputado de la UCR Mario Negri. El partido más que centenario fundado por Leandro N. Alem consagra, con esta acción artera y antidemocrática, su claudicación ante los poderes corporativos a los que Alfonsín estigmatizó y el gran caudillo oriundo de Balvanera enfrentó durante toda su vida política y lo llevaron a rebelarse y tomar las armas en aquella gesta revolucionaria del noventa, y a convocar a “que se rompa pero no se doble” en su legado final. Esta burocracia radical, hace tiempo extraviada ideológicamente, ha decidido doblarse ante el círculo de los poderosos. En esta oportunidad fundiéndose en un solo haz con el peor conservadurismo colonizado por la embajada de Estados Unidos, cubierto con el taparrabo de “abrirse al mundo”, y prestándose al oprobio antidemocrático de judicializar a la ex Presidenta de la Nación, elegida por el pueblo durante dos períodos consecutivos. Mediante esta grosera maniobra judicial-mediática se proponen matar dos pájaros con una única bala: mellar la imagen y el prestigio de Cristina Kirchner, que se sostiene en niveles altos, y a la vez desviar la atención de la opinión publica sobre un tema crucial del momento: la devaluación que llevó a cabo el presidente Macri. Pretenden nada menos que demostrar que la devaluación fue una consecuencia inevitable del manejo monetario del gobierno anterior.

Una jugada imposible, pero se esperanzan con la idea de que el blindaje mediático da para todo. Obviamente, en estos días el macrismo necesita distraer la atención del ciudadano común sobre muchas otras medidas de su cosecha: irrupción de los DNUs que desnudan su espíritu antidemocrático, el aumento explosivo de las tarifas de electricidad, el fiasco de la modificación del Impuesto a las Ganancias, que resultó un verdadero parto de los montes. Grandes anuncios previos de felicidad para todos, y finalmente el elefante parió un ratón. No se modificarán las infortunadas escalas hasta algún momento incierto del 2017, según lo anunciado por Macri y la sorpresa mayor: ingresaron a pagar el impuesto un número mayor de ciudadanos de los que salieron, entre ellos 110.000 jubilados. Falta mencionar el hecho más grave en términos económicos y políticos que se aprestan a concretar: la vuelta al endeudamiento del país luego del notable logro del kirchnerismo de colocarnos como uno de los países más desendeudados del mundo. Emitirán entre 15.000 y 20.000 millones de dólares solo para pagarle a los buitres, que ahora el macrismo se empeña en llamar holdouts.El círculo rojo, Macri y la alianza de Cambiemos aplicarán la máxima consagrada por el presidente Nicolás Avellaneda: “La República puede estar dividida hondamente… pero tiene un honor y un crédito. Hay dos millones de argentinos que economizarán sobre su hambre y sobre su sed para responder en una situación suprema a los compromisos en los mercados extranjeros”. Por entonces, el país estaba al borde de la cesantía de pagos por su incapacidad financiera. Se vivía un descalabro económico. Ahora vivimos una época de deuda externa muy baja y no hay ninguna razón para volver al “hambre y la sed”.

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