Atlas, la otra desilusión

Fotos: Diego Martínez / Texto:  Juan Britos

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Wilson Severino mira el suelo, con las manos apoyadas en las sienes. El sueño, una vez más, se festeja en el vestuario contrario. El Club Atlético Atlas, la excentricidad mediática de la última categoría del futbol argentino, acaba de perder la final. El ansiado ascenso lo celebra el Club Liniers, del Barrio Villegas, La Matanza.

El público que llenó como nunca el estadio, se marcha en silencio, con la cabeza gacha. David Larrosa, vicepresidente de Atlas, sale de su oficina y recibe palmadas de aliento. No tiene consuelo, no quiere hablar. Cara colorada, casi rosa como la remera, y ojos claros. La amargura no precisa palabras. David, que lo sabe, levanta las cejas y resopla. En su cara se descubre el manual de los gestos de la frustración. Lo espera otro año en la D. Como siempre, desde que Don Ricardo Puga levantó este estadio. Que a esta altura de la tarde, ya no tiene tanto sol en las tribunas, ni banderas en el viento.

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