Ya dictan educación física mixta en la mitad de las secundarias bonaerenses

Por Diego Igal – 13 de Septiembre de 2015

Las escuelas del distrito más poblado del país son punta de lanza de un cambio de paradigma con una “federalización” demasiado lenta. Cuando abordan la cuestión, los docentes hablan de una “batalla cultural” que hay que dar ante el conservadurismo de las instituciones.

Desde las escuelas secundarias bonaerenses ha comenzado a resquebrajarse la última muralla de la educación argentina, esa que durante más de un siglo separa por género a las y los adolescentes para realizar educación física en el nivel medio. El cambio comenzó por la Resolución 2476 de la Dirección General de Cultura y Educación, dictada en diciembre de 2013, que postula la integración de los grupos, sin distinción de sexo, y ya es una realidad en la mitad de los establecimientos del distrito, el más poblado de la Argentina. Y aunque no fue fácil lograrlo, es más que en el resto del país donde hay algunas buenas y aisladas intenciones pero pocas acciones reales.

Hace más de un siglo, la educación en general estaba dividida por género, había escuelas para ellos, como el Mariano Acosta; y ellas, como el Lenguas Vivas, recuerda Filimer Ferro, profesor de EF, miembro del equipo de curricula que lidera Cecilia Cresta en el Ministerio de Educación de la Nación.

Recién a mediados de los años ’80 comenzaron a integrarse, pero el espacio de la “gimnasia” se mantuvo sin variantes con el aval médico. En ello coincide Pablo Scharagrodsky, pedagogo y autor de varios artículos sobre educación física (de la que también es profesor) y género, y agrega que “la historia de la educación física, más de 130 años, estuvo saturada de una imaginería donde las niñas estaban representadas como más frágiles, más débiles y con menos posibilidades físicas y corporales para realizar ciertas prácticas”. Y si bien reconoce que en los últimos 15 años hubo cambios como la ley de matrimonio igualitario o de identidad de género o la educación sexual integral, “una cosa son las disposiciones legales y otra lo que sucede en los grupos”.

La resolución del ministerio de educación provincial –que también deberían cumplir las escuelas de matrícula paga- se inspiró en la ley provincial y nacional de educación, que estableció la obligatoriedad de la educación secundaria, entre otras cuestiones. La norma, por otro lado, buscaba bajar el ausentismo en las clases de gimnasia y jerarquizar ese espacio. En lo específico de género postula para alumnos y alumnas “la integración reflexiva, activa y transformadora en los ámbitos que habitan”; que las “prácticas pedagógicas de la educación física” contribuyan al “fortalecimiento de la identidad de los estudiantes y el acceso a los bienes culturales a través de una propuesta humanista, democrática, inclusiva y convocante que respete el derecho a aprender con igualdad de oportunidades y posibilidades”; lo que “supone promover la enseñanza de una educación física que propicie la integración de géneros” y que trabaje “en y con la diversidad”.
Ya a fines del año pasado, de las 2041 instituciones secundarias públicas del distrito bonaerense, el 49,27% tenía clases mixtas y el resto cumplía la resolución de manera parcial. El profesor de Educación Física Leonardo Troncoso, asesor en la materia de la dirección provincial de Educación Secundaria, explica que buscaron una implementación gradual porque “hay que dar una batalla cultural” y sobre las instituciones que aún no pudieron cumplir con la resolución, aclara que deben justificarlo y lograr que un supervisor lo apruebe.

Claudia Bracchi, directora provincial de Educación Secundaria, coincide en eso de la disputa cultural. “La legislación vigente es de ampliación de derechos e interpela a la política pública y a las instituciones. Por eso los cambios son muy lentos y hay resistencia, pero acá hubo una decisión política para que las clases sean mixtas”, sintetiza. Para Bracchi, “es tan importante que un estudiante quiera jugar al fútbol como hacer un esquema o danza. También hay que romper culturalmente eso”.

Liliana Mosquera, también asesora de la Dirección y Carlos González, inspector de EF de Florencio Varela, coinciden que “culturalmente los profesores tienen una impronta muy fuerte en trabajar sobre lo deportivo y la competencia; los torneos además están divididos por sexo y los rendimientos y resultados no son los mismos, pero María José Draghi, de la Dirección de Gestión Curricular de Secundaria, recuerda que “la escuela tiene tres fines formativos y uno es la construcción de ciudadanía. El deporte en la escuela es otra cosa. Es compartir, jugar, expresarse, ser solidario, armar equipo.” Y Ferro agrega que la escuela puede ofrecer deporte y educación física. “El deporte es una institución y la educación es otra”, recuerda.

Sin embargo, todos reconocen que son los adultos los más difíciles para convencer en el cambio. “En el momento en el que estamos ahora se pueden presentar alternativas para desmontar esa tradición. Muchos lo entienden y otros no”, opina Cecilia Cresta, coordinadora del departamento de Áreas Curriculares del Ministerio de Educación de la Nación.

Dos de los sindicatos más representativos de la provincia pusieron reparos para la implementación de los cambios. Los cuestionamientos apuntaban a la asignación de cursos y la organización de las clases, pero también recordaba que las competencias en las que participan las escuelas están divididas por género y que, por otro lado, una integración podría aumentar los casos de discriminación y acoso.

En cambio, otra inspectora, Fabiana Chindemi recuerda bondades de la integración como que “mejora la dinámica cotidiana y el funcionamiento del grupo, rompe estructuras y la toma decisiones en equipo. Los chicos aprenden a respetar la voz del otro”.

Chindemi cuenta a este diario que en el profesorado de la Universidad de Luján casi todos los deportes se practican en forma mixta.

Scharagrodsky advierte además que todavía hay cuestiones arraigadas en el propio lenguaje de los jóvenes sobre las que se podría trabajar en primer término: desde el “poner huevo o te rompimos el culo” para significar una derrota al “le pegas como una nena, sos medio putito, corres como un tipo, machona, marimacho (y no hay nada no hay nada peor para un varón que lo mellen en la identidad masculina)”. Para él, “lo mixto está bueno pero no asegura que haya respeto a los diferentes. Propondría mezclado, según gustos o que se intercambien, no en clave excluyente o jerárquica.”

En junio último, durante un encuentro nacional de profesores de educación física en Capital Federal, se realizó un foro debate sobre el tema y allí surgieron voces a favor y en contra que siempre surgen al momento de discutir esta cuestión, pero también se enunciaron propuestas, como “analizar los prejuicios” y pensar prácticas corporales, ludomotrices y deportivas caracterizadas por la equidad, interacción, integración y respeto por la diversidad y cuestiones culturales.

Los primeros pasos ya están dados.

Ocasionales

En algunos profesorados hay actividades mixtas, pero en el más tradicional, el Romero Brest, aseguraron a este diario que son “ocasionales”.

En una escuela de Varela ya está naturalizado

La escuela 16 “Eva Duarte” de Villa Hudson (Florencio Varela), que conduce Sandra Denegri, tiene expendedor de preservativos en el centro de estudiantes y en la sala de profesores y los cerca de 340 alumnos y alumnas llevan adelante una radio, una banda de rock y una murga. Pero también tiene la particularidad de que es uno de los establecimientos secundarios en el que las clases de educación física –a cargo de Paola Nuñez– y natación son mixtas. “La implementación fue gradual y empezó por natación porque tenemos cerca una tosquera donde habían ocurrido muchas muertes”, recuerda Denegri. “Para ellos está naturalizado que sean mixtas -agrega Nuñez- y permite que todos tengan la misma oportunidad de expresarse. Además mejora mucho la dinámica de los grupos.”

Antonella, de 17 años, que viene de una escuela donde las clases no eran mixtas, opina: “Me parece mejor que sean mixtas. Se comparten otras experiencias. Creas otro vínculos, nos ayudamos uno al otro. Ellos miden la fuerza y hay más competencia”. Iara, también de 17, dice que es más divertido y estar con chicos les garantiza jugar al fútbol –a ella le encanta ser arquera-.

Daniel, de 16 años, completa: “Está bueno. Ayuda a reunirse. Algunos se quejan porque no se puede jugar fuerte, pero está bueno también poder regular. Tenés otra manera de pensar cuando jugas con una mujer, cómo poner el cuerpo, cuando te enojas.” Y Leandro, también de 16, denuncia que “las mujeres también pegan, pero a veces tienen mejores tácticas.”

La Ciudad mira el ejemplo de provincia

Los especialistas consultados no saben de experiencias similares a la de escuelas bonaerenses en otros puntos del país. En la ciudad de Buenos Aires las clases de educación física son mixtas en el nivel primario, pero no se conoce del medio. Maximiliano Gulmanelli, subsecretario de Gestión Educativa y Coordinación Pedagógica del Ministerio, asegura que la normativa no lo contempla y no hay ningún proyecto para cambiarla. Sin embargo reconoció que observa la experiencia del distrito vecino. Un panorama similar ocurre en Córdoba, aunque fuentes del Ministerio local puntualizaron que “en el nuevo diseño curricular de la educación secundaria (ciclo básico) desarrollado por la provincia en 2010, se entiende a la educación física como una práctica social que debe dar respuesta a intereses diversos, a biografías particulares, a modos variados de apropiación de saberes corporales y motrices, descartando caminos únicos y exclusivos, diferenciando las lógicas y los valores que subyacen en los aprendizajes de los estudiantes”. También se busca “la constitución de relaciones igualitarias, respetuosas y responsables entre los géneros en la práctica de actividades lúdicas y deportivas, despojándose de todo tipo de prejuicio y discriminación”.

En Chubut hubo experiencias mixtas aisladas, “con muy buenos resultados y evaluaciones favorables”, según da cuenta el diseño curricular vigente, donde se expresa que tiene un enfoque que “deja de lado la concepción biologicista y mecanicista (de la EF) que procura la eficiencia motriz y el rendimiento físico. Por el contrario, adopta una perspectiva a favor de una enseñanza en la que predomina la interacción y la participación en diversas prácticas corporales consideradas como bienes culturales significativos. Romper con los estereotipos de género, en favor de una enseñanza inclusiva, democrática e igualitaria en la distribución de saberes socialmente relevantes es una finalidad necesaria y prioritaria en la construcción de una nueva escuela secundaria. En este sentido, sostenemos una enseñanza que no esté separada por sexos”.

El texto aclara luego que es una “recomendación y no una prescripción”. “Cada institución, en función de su realidad, podrá optar por estas alternativas; pero siempre tendiendo a construir con miras a futuro una enseñanza igualitaria, común y compartida para hombres y mujeres.

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