La comuna de la calle Amenábar

Fragmentos del diario que un compañero de Tiempo está escribiendo sobre los encendidos días de lucha.

La comunidad

No es la Comuna de París. Pero se acerca bastante. Yo la llamo la “Comuna de la calle Amenábar”. Está en pleno frontera del Palermo decadente con aires hollywoodenses, entre Dorrego y Concepción Arenal. Casi Colegiales. El edificio forrado de chapas algo oxidadas, a mitad de cuadra. Frente al patio del colegio salesiano. Mejor dicho, frente al edificio a medio terminar que están construyendo en el ex patio del colegio salesiano. Son tres pisos con terraza. En la planta baja están los estudios de Radio América. Hace más de una semana que los operadores, locutores y cronistas están de paro. Están juntando alimentos. Los oyentes les acercan cajas de puré de tomate, arroz, fideos secos y hasta pañales.

Hay un papel tamaño oficio que cuelga de la puerta del ascensor: “Trabajar y no cobrar es esclavitud”. Las intervenciones en las paredes de la redacción comenzaron hace varios días: caretas con la cara de Szpolski y sus orejas de Mickey Mouse y el habano guevarista encendido en los labios del “Che-que” Garfunkel cuelgan en el primer piso, cerca de la sección deportiva. También en la escuálida cocina. También están los carteles contra el vaciamiento del Grupo 23, quizá bastante correctos e institucionales para mi gusto.

Ya llevamos 45 días sin cobrar. El ánimo no decae. Las comisiones siguen sumando colaboraciones. El otro día en el Parque Rivadavia, en las plazas de las resistencias, se juntaron más de 20 mil pesos. Se van a repartir entre los compañeros que están con la soga al cuello. Alquileres atrasados, la tarjeta Sube más vacía que la heladera de mi casa y hasta la yerba para el mate resecada una y otra vez al sol.

Para mis viejos y amigos, les parece curioso que sigamos trabajando todos los días. “Como si nada”. Sin cobrar, y sin noticias de que lo hagamos en el futuro. Pero sabemos que si el diario deja de salir, el diario muere. Para siempre.

Como ya conté, el diario es un laboratorio social muy interesante. Es posible descubrir los pequeños gestos solidarios. Desde cubrir jornadas eternas hasta convidar la última seca de un porro. Pero donde también afloran las peores miserias. Las ratas que salen disparando por tirante, que jamás se fijan en cómo está el otro, en qué puede ayudar. No muy distinto a lo que pasa afuera de la comuna.
Acá en la comuna, el dueño y los kapangas tienen muy poco margen de maniobra. Aunque Szpolski intente ganar tiempo, desgastarnos y basurearnos. Más que nada basurearnos. Hacernos creer que somos ínfimas hormigas a sus órdenes. Que estamos presos de sus designios, de sus caprichos. Y que con un simple pisotón nos aniquila.

“SS tu cinismo me vuelve inmortal”. La frase está tatuada en el pizarrón que cuelga de una de las paredes del tercer piso de la redacción. A pasitos de la computadora en la cual trabajo. Son las nueve de la noche y desde la zona dominada por los redactores de Espectáculos llegan ruidos de descorche de cervezas. Me asomo y los pibes de policiales están conversando, tratando de arreglar el mundo. El Facha, un carilindo que es subeditor de la taquería, me invita un trago de Quilmes, bien helada.

-A mí me gusta pensar en peleas, mano a mano, en la redacción. Se me ocurre una buena puede ser el gordo Renou contra Rodo, el pibe de sistemas.
-Pero esa es más una lucha de sumo, vieja.
-O pesos pesados, man.
-Ojo que ahí también se puede armar una estilo australiano, y entran la musculoca de Szpolski y el rengo Garkafunkel.
-Ni ahí. Esos dos se comen los mocos. Son guapos de Twitter. Sobre todo el “Che-que”.

La conversa sigue en Espectáculos, bien regada con unos tubos de birra. Quedan todavía algunas horas para terminar la tapa del diario. La cerveza pasa fresca por mi garganta y eso me hace olvidar un rato toda esta mierda. Ya pasó mitad de enero y no pudimos relajar. Esto no pinta bien. Por eso la comuna sigue en pie. En pleno corazón del berreta Palermo Hollywood.

Palermo 21 de enero de 2016.

La picada del sábado

Siete semanas sin cobrar el sueldo. Cincuenta días y ni un peso. No hay fiebre de sábado por la noche en la redacción, apenas un alivio aparente. Quizá sea por los 12 matambres y los 10 kilos de queso fresco que conseguí como donación para sostener la lucha. Me los pasó mi viejo, que labura para un frigorífico en la zona oeste del Conurbano. “Los saqué por izquierda”, me dijo cuando los fui a buscar a su casa. Yo creo que los pagó de su propio bolsillo. Mi viejo nunca estuvo en una huelga o en una toma universitaria, ni siquiera sé si alguna vez fue a alguna marcha. Mi viejo es anarquista aunque no lo sepa. Tampoco lo importa saberlo. Él da sin esperar nada. Y no hace falta decir una palabra más.

Hoy juegan Boca y River y el cierre seguro se estira hasta más allá de las doce en la comuna de la calle Amenábar. Lo llevamos con algo de vino y una fumata que compartimos en el patio del tercer piso con Eze y Juliana, mis compañeros de sección. Él es poeta, de los buenos. Ella hace performance, se especializa en sombras. Es también de las buenas. Fumamos como los que saben. Todavía queda un tiempo del partido. Voy a cerrar el kiosco por hoy, estoy muy cansado. Ah, casi me olvidaba, mañana salen dos editoriales firmados por el rabino Szpolski (en plan despedida) y el correntino Martínez saludando con bombos y platillos su arribo al mundo de los medios.

Uno es esclavo de sus palabras. Y también de sus silencios.

Palermo, 24 de enero de 2016.

Carne podrida

En la redacción cuesta respirar. El aire está denso, pesado. Heavy metal. El patrón correntino sigue jugando a hacerse el distraído. Prometió pagar mañana. No especificó forma ni horario. Carne podrida.

Dan ganas de armar una revolución a lo Nat Turner, aquel esclavo negro que un día se levantó en armas blancas contra sus patrones. ¿Se imaginan el final de la historia?
La asamblea de hoy regaló momentos memorables. La intervención de Alejo, el indigenista editor de Sociedad, quedará para la historia. “Quiero hablar con usted, patrón Martínez –comenzó su intervención-. Paisano Mariano, usted que es un hombre de provincia, creo que va a ser de ley que lo hagamos cara a cara, como se hace en Corrientes. Como ‘chamigos’ que somos. O si prefiere, si no quiere apersonarse a la redacción, nos podemos hacer una escapadita a su oficina en el Palacio Alcorta, donde tiene su oficinita. O quizá podemos almorzar con en Dashi. Comernos un surubí mientras nos explica cómo va a pagar los sueldos. Porque así, chamigo, no se puede seguir más. Porque entre paisanos nos vamos a entender. O si no será la hora de pelar el facón. A ver quién es más guapo.” La asamblea le regaló un aplauso encendido al cerrar su discurso.

Antes, el editor Alonso, de la sección taquería, advirtió sobre el pedido de convocatoria de los medios que la musculoca Szpolski y el “Che-que” Garkafunkel dieron a conocer en los matutinos de la fecha. Se nos escapó Szpolski, muchachos. Otra vez nos ganó de mano. Otro truco.

Palermo, 2 de febrero de 2016.

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