Michael Cooper, el fotógrafo que atrapó el alma de los años ’60

Por Esteban Schoj

El artista inglés fue el autor de las portadas de los discos Sargento Pepper, de los Beatles, y Sus Majestades Satánicas, de los Stones. Para Lennon, fue quien mejor documentó los sueños de esa década. Hasta el 27 de marzo se pueden ver 250 de sus fotos en el Konex, en una muestra curada por su hija.

Los ’60 son los hippies. Son Kennedy y la carrera espacial de la URSS. Son la Crisis de los Misiles. Son Brasil campeón mundial en Chile. En los ’60, el fotógrafo británico Michael Cooper conoce a figuras destacadas del arte, la música y la literatura. Son la beatlemanía, el inicio del conflicto armado en Colombia y el asesinato de Malcolm X. Los ’60 son la Revolución Cultural de Mao. Son Satisfaction y Vietnam. El asesinato del Che. En los ’60, Michael Cooper (1941-1973) fue el fotógrafo de las sesiones para las portadas de los discos Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band y Their Satanic Majesties Request. Son el primer trasplante de corazón, Elvis, el Mayo Francés, Luther King, Apolo XI y la Luna. En Nueva York se desarrolla el Festival de Woodstock. Se afianza la relación entre Cooper y los Rolling Stones.

“De todos los fotógrafos que existen, Michael ha sido por lejos el que mejor documentó esa magnífica década, y quien entendió realmente qué significaron aquellos años sesenta y aquellos juveniles sueños de futuro”, recordó alguna vez John Lennon.

“Para mí una de las grandes cualidades de su fotografía es la honestidad. Se dijeron muchas cosas sobre los 60, cosas que aún perduran en mi memoria, pero sólo Michael logró capturarlo tal como fueron. Lo extraño enormemente”, relató Keith Richards.

“Pero hay mucho más que la banda. La frase de Lennon lo resume, porque la inquietud de Michael iba más allá de lo que era la explosión musical de la década”. Silvia Cooper –mujer de Adam, hijo de Michael– lo dice mientras camina los pasillos de Early Stones, una muestra de 250 fotos expuestas en la Ciudad Cultural Konex hasta el 27 de marzo (150 pesos la entrada). La mujer, curadora de la exhibición, continúa: “En este recorrido podés ver que Michael estaba en todo evento social y cultural que hubiera en esa época. Él participó de toda esta explosión”. Y refuerza a Lennon: “Cubrió los ’60 como nadie”. Adam camina y contempla a su alrededor junto a Silvia. “Mi padre abarcó todo”, suma. Suena Ruby Tuesday, esa hermosa canción grabada por los Stones en 1966.

Silvia sonríe y continúa hablando de la inquietud de Michael. “Iba a Bélgica, a Hollywood, a las convenciones de Chicago durante las manifestaciones en contra de la Guerra de Vietnam”, dice mientras se acerca a una foto en la que reconoce a un pequeño Adam. Es en el set de Sgt. Pepper’s. Adam no recuerda mucho esos días, porque era chico y porque para él esos artistas eran los amigos de su padre. Pero otra cosa viene a su mente: tenía fascinación por una estatuilla que llevó Paul McCartney para el set de fotos. “Un trofeo”, marca Adam, y se redescubre en la foto con ternura. “Paul quería que esa pieza se incluyera en el set. Era algo preciado para él y a mí era lo único que me importaba”. En la imagen, el bajista contempla como Adam no desvía su mirada del trofeo. “Paul lo mira como diciendo: ‘Lo llegás a romper…’”, interpreta entre risas Silvia. Suena la armónica de Midnight rambler, ese blues-rock de 1969 que cada día suena mejor.

La colección Stones consta de 3500. Pero el trabajo entero es de 70 mil negativos. “Todas son mis favoritas”, bromea Adam, pero de inmediato destaca como “icónica, impresionante y más favorita por el público” a la imagen en la que el Sol estalla en los anteojos de Keith Richards. Fue tomada el 5 de julio de 1969, antes de que los Stones tocaran en Hyde Park ante unas (se cree) 500.000 personas. “Fue un segundo y Michael lo capturó. Él tenía eso”, se fascina Silvia. “Mi padre nunca hubiese imaginado que estaba inmortalizando”, dice con nostalgia Adam.

El trabajo de Cooper se mantiene vigente. “Sucedió tanto en la década de los ’60 que quizá por eso nos sigue fascinando. Y sus fotos trascienden porque Michael iba más allá. Lamentablemente su tiempo fue corto, pero el legado que dejó es maravilloso. Lo que Michael logró con esa intimidad y con esa cercanía, creo que ningún otro lo logró”, explica Silvia. De fondo se escucha el riff de Satisfaction, esa interminable pieza del rock de 1965. “Es que el arte siempre ha sido lo que salvó a la humanidad y lo seguirá haciendo”, agrega.
Adam recuerda que entraba al cuarto oscuro y veía como su padre revelaba fotos. “Las imprimía tantas veces hasta que encontrara la luz y la tonalidad que buscaba. Tiraba los negativos en una caja de cartón, sin protección, sin identificación, sin nada. Y esa es la caja que recibí años después con todo su trabajo. Llevó dos años limpiar y seleccionar ese material. No sabía en qué estado estaba. Y el 99% estaba perfecto”, se pone feliz Adam mientras se escuchan los vientos beatles de All you need is love, aquel rock psicodélico de 1967.

“Mi padre era famoso por tener la cámara encima las 24 horas del día”, rememora Adam. “Y de pronto captaba el momento, por eso esa cosa de espontaneidad e intimidad que tienen sus fotos. Salvo con los Stones, que era al único al que se le permitía ser parte de, siempre estaba en el momento adecuado. Eso era producto de su inquietud que lo define, más que como fotógrafo, como artista”, considera Silvia. Adam agrega que “hoy la fotografía se aprecia como arte, pero antes era algo secundario y Michael rompió con eso: fue el primero que figuró como fotógrafo”. Suave, acompañando, se oye Little red rooster, un blues de 1967.

“Michael sabía cuándo mantenerse apartado, entonces lo que hacía -sacarnos fotos-, era un hecho natural en nuestra relación. Jamás te fastidiaba poniéndote una cámara en tu cara ni haciéndote consciente de ella. Michael sólo sacaba fotos. Hacía eso. Estar cerca de nosotros. No era solamente que te gustaba tanto como persona que lo dejabas hacer cosas que jamás les permitirías a otros, sino que nunca eras consciente de que las estaba haciendo. Lo hacía tan bien y tan sigilosamente que la mayor parte de las veces nadie notaba que nos estaba fotografiando”, supo recordarlo Keith Richards.

Adam y Silvia miran las fotos tomadas en la casa de los padres de Marianne Faithfull, novia de Mick Jagger. El cantante juega con el pequeño Adam en 1967. “Pasábamos fines de semana en el campo y paseábamos después de almorzar”, recuerda Adam, que luce una camisa que Silvia hubiese querido guardar.

Para los argentinos, Adam es la persona más cercana y alcanzable a los Stones. Dice que en La Plata, durante los shows de la banda en febrero, lo paraban para saludarlo y hablarle de la muestra. “Me da orgullo la obra de mi padre, placer compartirla en la Argentina y es maravilloso que la gente la conozca”, afirma. En el marco de su gira por América Latina, los Stones pidieron que en el VIP de cada lugar que visitaran hubiera un espacio con fotos de Michael. “Qué bueno, Michael Cooper está haciendo el tour con nosotros”, dijo Richards. “Es que Michael primero fue amigo de la banda y después fue el fotógrafo”, explica Adam y justifica que por eso lograba esa intimidad. Jagger suele decir que Michael era un miembro más de la banda.

Las paredes rojas de la sala en donde se exhiben las fotos son un recuerdo de la niñez de Adam, en Chelsea. En las galerías de EEUU y de Europa la formalidad no permite que las paredes de las muestras sean de color: son blancas. “En Konex nos dieron la llave y nos dijeron que hagamos lo que quisiéramos”, finaliza Adam mientras se escucha Honky tonk woman, de 1969.

Los ’60 son, también, Michael Cooper.

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