Por Chile y el resto de América Latina, el Condorito pasa

Por Nicolás García Recoaro – 2 de septiembre de 2012

Se cumplieron 100 años del nacimiento de René Ríos Boettinger, más conocido como “Pepo”, el creador de Condorito. Una muestra en Chile repasó la historia de uno de los historietistas latinoamericanos más populares del siglo XX.

Había una vez un pueblo llamado Pelotillehue. Entre sus lomadas y calles de provincia, forjadas en un país de ficción llamado Chile, si buceamos un poco en nuestras memorias podríamos ubicar fácilmente al bar El Tufo o el edificio del diario El Hocicón. Sí, ese que en su portaba tenía el lema “pobre pero honrado”. ¿Y esos personajes que vienen caminando? Vamos, no se hagan los sotas. Ustedes bien saben que el narigón del cigarro encendido se llama Don Chuma, el que viene tomando de su infaltable botella es Garganta de Lata y la voluptuosa chica que los acompaña es Yayita. Sí, están en lo cierto, el pelado que viene atrás se llama Huevoduro. Sigamos, justo frente a ese paredón donde está tatuado el graffiti “Muera El Roto Quezada” podemos ver al perro Washington haciendo sus necesidades, y un poco más allá, en la zona donde se erige el estadio del Deportivo Pelotillehue, el pequeño Coné patea una pelota. Y el que espera el remate en el arco me imagino que no necesita presentación. Señoras y señores, con ustedes nuestro héroe. El eterno…. Superman. ¡Plop! El eterno Condorito.

Nuestro héroe, mejor dicho antihéroe de historieta no nació de un huevo de cóndor común y corriente, sino que tuvo su creador. Su nombre es René Ríos Boettinger, pero seguramente lo recordamos por el apodo con el que firmaba sus obras: Pepo. Una acelerada biografía de Pepo diría que nació y murió en el sur de Chile en la ciudad de Concepción, que se ganó la vida como dibujante y caricaturista y que con su tira Condorito terminó revolucionando el cómic latinoamericano. Como parte de las celebraciones por los 100 años de su nacimiento, la Biblioteca Nacional chilena inauguró una exposición que reunió sus creaciones desde los primeros dibujos que publicó en el diario El Sur hasta los ejemplares originales de su consagrado Condorito. En la inauguración, el curador Marco Esperidión dijo que “Pepo es uno de los grandes artistas chilenos, pero se sabe poco de él. No existe una biografía que le haga el peso. Con Ciudadano Pepo quisimos relevar su obra y mostrar lo diversa que ha sido.” Esta es parte de su historia.

WALT Y PEPO. A principios de la década del ’40, el ascendente Walt Disney emprendió un dilatado periplo por América Latina. En plena Segunda Guerra Mundial, el gobierno estadounidense comandado por Roosevelt lo había enviado en una suerte de misión secreta, para que creara una serie de personajes para afianzar los “lazos de amistad” con los países del Cono Sur. De aquel “tour de la buena vecindad” surgieron los largometrajes Saludos Amigos y Los tres caballeros donde, compartiendo aventuras con un Pato Donald andino y un Goofy devenido en gaucho, tuvieron sus presentaciones estelares algunos personajes que “representaban” a los países latinoamericanos, como el papagayo verdeamarelo José Carioca y el gallo Pancho Pistolas. En un efímero segmento de aquellas entregas también tuvo su bautismo de fuego un avioncito del correo chileno, que vivía mil y una peripecias al cruzar la Cordillera de Los Andes.

Atento a las recomendaciones de sus financistas, Disney bautizó al avioncito con el nombre de Pedrito, en homenaje al presidente trasandino Pedro Aguirre Cerda. Cuentan que cuando vio la película, Pepo, quien por entonces trabajaba como caricaturista político y militaba en el Movimiento Nacional Socialista, encontró insólita y pobrísima la forma en que se había representado a Chile y, ni lerdo ni perezoso, pero sí algo indignado, se puso a trabajar en la creación de un personaje. Según Pepo, este debería encarnar al pueblo trasandino y, quizá por eso, decidió rescatar la figura del cóndor que aparece en el escudo del país: “Lo bajé del escudo y lo vestí de roto, con sus alpargatas y su camiseta, bien popular.” La primera aparición pública de Condorito fue en la revista Okey, en agosto de 1949, y el pajarraco asomaba caracterizado como un culposo ratero de gallinas, que luego de cometer el robo intenta devolverlas y era detenido por un carabinero. Condorito termina preso y los carabineros, obviamente, asando la gallinita. Pepo le dio forma a su tira usando el molde del aventurero desventurado y el “chiste blanco”. El poeta Jorge Montealegre opina que Condorito “es una imagen de chilenidad autodegradada. Ahí está el roto chileno que es superior en la retórica patriótica, pero que es inferior en la discriminatoria vida cotidiana.” Condorito vivió sus años de gloria en los ’60 y ’70, cuando los comics eran el pasatiempo favorito de las clases populares. Alto en el cielo, traspasó las fronteras nacionales y fue recibido con los brazos abiertos por los países americanos, y se calcula que para principios de los ’80 tenía más de 80 millones de lectores. Sin embargo, cuando la editorial Televisa adquirió los derechos de la tira, sufrió un irreparable proceso de eficiente internacionalización que le hizo perder su incorrección política.

EL PLAN CONDORITO. Durante la dictadura encabezada por Augusto Pinochet, la contrahistoria se escribía, y también se dibujaba, en la ilegalidad. Aquellos fueron años en los que Chile se reconocía en la eterna mala suerte de Condorito. Cuentan que durante las casi dos décadas pinochetistas, en varios fanzines y panfletos como Liberación y El Rodriguista se reproducían viñetas “piratas” con Condorito llamando a la desobediencia civil o enseñando a preparar bombas molotov. Una de las más recordadas de aquellos años del Plan Cóndor fue la publicada en la revista El Beso Negro, donde es acribillado por un grupo de tareas militar y, pocas viñetas más abajo, es vengado por su pequeño sobrino Coné. Finalmente, luego de la salida negociada con la que Pinochet dejó el poder en los ’90, los cantos de sirena del neoliberalismo desbancaron a la desnutrida parodia encarnada por Condorito. Quizás, como cuenta el cronista Pedro Lemebel, “Condorito fue el relator de otro país desaparecido bajo las latas del Tercer Mundo. Este ya no representaba una buena imagen para el Chile triunfador. Nada ha resucitado el cadáver del querido pajarillo, que murió de muerte comercial y fue enterrado con su jaula de fonolas en el lomaje azul de Pelotillehue.”

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