Vinyl: la serie de Jagger y Scorsese que viaja a los 70

Richie Finestra es el presidente de un sello discográfico a punto de perderlo todo. También es el protagonista de una trama que sucede con la mayor crisis de la industria discográfica, al calor de la crisis del petróleo. La mirada de Por Más Tiempo sobre esta pieza, creada bajo la batuta del director de Taxi Driver y la producción musical del vocalista de los Stones.

Apenas estrenada el pasado 14 de febrero, Vinyl se posicionó como la serie del momento. Emitida por HBO a través de su sistema On Demand (el primer episodio fue gratuito por todas las plataformas del canal), la serie dirigida por Martin Scorsese y con producción ejecutiva principalmente a cargo del mismo Scorsese, Mick Jagger (también productor musical) y Terence Winter, cuenta la vida de Richie Finestra, presidente de un sello discográfico a punto de perderlo todo.

La prensa enseguida se hizo buen eco del debut: “rica, brillante y adictiva”, dijo por ejemplo The Hollywood Reporter. El estilo rimbombante caracteriza los comentarios: hay que estar en la lista de invitados. Ubicada cronológicamente en 1973, la serie intenta mostrar lo que la perspectiva histórica reconoció como un momento de quiebre en la industria musical: un cimbronazo principalmente producto de la crisis del petróleo (su aumento puso en jaque los números de las discográficas), que corrió de escena la grandilocuencia del glam rock y el rock sinfónico para dar lugar al disco y el punk, dos géneros -uno desde su liviandad, otro desde la furia que producía el ninguneo de los veteranos y la pretensión de la sofisticación musical- que le dieron aire a una industria que comenzaba a sentirse acorralada por la imposiciones (incluso caprichos) de los artistas que ellos mismos habían estimulado en pos del dinero fácil.

Poco de eso aparece en el primer capítulo. Lo que hay, y sobremanera, es el tono apologético del que Scorsese ya hizo gala en El lobo de Wall Street, donde convierte a Jordan Belfort, un corredor de bolsa que en base a engañosos negocios se llenó de plata para terminar delatando a varios de sus pares a cambio de inmunidad, en un héroe del capitalismo neoliberal. Si Francis Coppola, con su malograda Tucker: el hombre y su sueño, intentaba una elegía al ciclo dorado del capitalismo conocido como “Los gloriosos 30” (por los 30 años de expansión y prosperidad internacional), Scorsese quiso convertirse en el biógrafo oficial de neoliberalismo con El lobo… Con Vinyl parece completar la operación.

Su Finestra es un dechado de cinismo, un inescrupuloso empresario que antecede a la era de Reagan y Thatcher. De la mano de Jagger, el cineasta impone una visión no artística de aquel 1973. No sería pifia decir que su visión excede lo antitético: sin artistas y sin arte, cada secuencia del primer episodio de Vinyl está ganada por el efecto, cada escena es una puesta (y una apuesta) a despegar la imaginación humana de la experiencia que le dio sentido, de su capacidad de imitación, abstracción y copia que embellece, para colocarla en la reproductibilidad de un imaginario prefabricado, casi cybor por su perfección, publicitario por el encantantamiento que busca (y en buena medida produce). Nada fue como sucedió (en el sentido del relato de la experiencia subjetiva y del relato de la perspectiva histórica, siempre abierto a una nueva versión de sí mismo), sino como lo necesita la imaginación del que usa el pasado para justificar su presente: no hay nada por hacer, nada por criticar, nada por resistir, sólo entregarse a su lógica y convertirse en el mejor exponente posible.

Jagger secunda a Scorsese en este verdadero emprendedurismo. Con decir que sólo era rocanrol y les gustaba, los Stones habían sido más que claros sobre su trayectoria, de cómo habiendo surgido como la mayoría de las bandas de su tiempo bajo la estrella del cambio social, terminaron siendo artífices importantes del sistema que habían querido combatir. Pero a Jagger eso parece no bastarle. Ahí está con Warner Music armando los sucesivos lanzamientos de la banda sonora, que ya tiene su primer LP: Vinyl: Music From The HBO Original Series Volume 1.

Así, Vinyl también busca el efecto de los consensos indiscutidos, basados en números abultados y unanimidades de especialistas cuyo prestigio está íntimamente relacionado con el canon al que defienden (y obedecen), al que por eso defienden (y obedecen). Precisamente como muestra Vinyl a esos “personajes secundarios” que conforman el mundo de la música: cancheros riéndose de su cancherismo, trepidantes de impunidad escribiendo loas a la impunidad.

En la estrechez (económica, política, social, académica, hasta espiritual) que va ganando al mundo, Vinyl tiene el éxito garantizado. Aquel cineasta que en Taxi Driver (1976) vio como pocos la descomposición final en la que había entrado el sueño sesentista, parece indicar ahora que, artísticamente hablando, la opción es alineamiento o destierro.

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