Un carrito amigo para alimentar la unidad

A horas de una nueva audiencia en el ministerio de Trabajo, los empleados de Tiempo y sus familias cenaron en la puerta de la redacción gracias a donaciones, aportes al fondo de lucha y un vecino especial: Charly, quien prestó su cocina móvil para la
ocasión.

En la puerta de la redacción de Tiempo Argentino se realizó ayer la enésima actividad promovida por la asamblea de trabajadores. Esta vez, fueron unas hamburguesas (donadas por Alberto Samid) y unos panchos, con dos condimentos especiales: la presencia de los familiares de los periodistas, fotógrafos, diseñadores, administrativos y mantenimiento, y el carrito de Charly. “Churrasquitos argentinos” es el nombre que le dio este vecino de Palermo a su locura, nacida en la necesidad. “Yo sé lo que es tener mucha plata y lo que es no tener nada”, relata Charly a Por más Tiempo, mientras prepara los panchos en su cocina móvil.

A los 16 años, Charly dormía bajo un puente en Constitución. Años más tarde, logró reponerse y llegó a tener “la heladería más grande de Villa Lugano”. El Corralito de 2001 lo dejó en la lona y la nueva levantada se hizo en base a panchos, que se puso a vender en las inmediaciones de un shopping. Le fue bien. Con un tráiler de lancha, una cama de fierro vieja y otros artefactos reciclados logró armar un puestito de panchos, hamburguesas y bebidas frescas. Hace dos años, la vida volvió a jugarle una mala pasada y lo desalojaron de un departamento que pagó durante mucho tiempo. Su respuesta fue gastar los ahorros en un micro y convertirlo en un motor-home. Allí vive con su familia. “Me quedó hermoso. Tiene aire acondicionado, un pianos para que los chicos toquen, otros instrumentos que fui comprando de a poco”, cuenta con el orgullo del que se hace de abajo y deja todo para conseguir el crecimiento familiar.

Charly está casado hace 27 años con quien fue su novia de la adolescencia, que hoy es docente. Tiene tres hijos. Dos mujeres (9 y 25 años) y un varón (14). Los tres lograron ingresaral Conservatorio, donde estudian piano. “No sabéslo lindo que es levantarse a la mañana y escucharlos tocar el piano. No es porque soy el padre, pero no sabés cómo tocan”, dice con un hilo de babapaterna colgando de la comisura de los labios.

Una noche de tantas vio cómo los trabajadores de Tiempo vendíamos choris y hamburguesasen la calle, con un fuego hecho en una plancha de metal, sobre la calle. “Hablé con una chica, que me contó lo que les está pasando. Me fui pensando en cómo podía colaborar con ustedes y me acerqué”. De esa manera, un vecino que sabe rebuscárselas, pero al que no le sobra nada, dio una gran mano para que los trabajadores de Tiempo podamos hacer una actividad junto a nuestras familias, que sufren esta situación de igual o peor manera que nosotros.

La actividad fue conmovedora. Hijos, hijas, padres, madres, hermanos, hermanas, novios, novias, parejas, maridos, esposas. Todos y todas se acercaron a la puerta de la redacción, a metros de la intersección entre Amenabar y Dorrego, Ciudad de Buenos Aires, para darnos fuerzas, para decirnos que no aflojemos, que todo va a salir bien, que vamos a ganar, que estamos juntos, que somos muchos, que de alguna manera vamos a salir de la crisis provocada por la irresponsabilidad patronal. Esa fuerza es indestructible y la historia de vida de Charly sirve también para saber que no hay calamidad de la que no se pueda salir.

Al ministerio. Esta tarde, los integrantes de la Comisión Gremial Interna de Tiempo Argentino tienen una nueva audiencia en el ministerio de Trabajo. A la misma está convocados los representantes de la empresa que maneja el diario, encabezada –según se informó aunque no se presentaron papeles que lo confirmaran por Mariano Martínez Rojas.

El conflicto en el diario comenzó a mediados de diciembre, cuando los empleados no recibieron el medio aguinaldo correspondiente al segundo semestre del año. A pesar de las promesas, el pago no se hizo efectivo tampoco a fin de ese mes, y a comienzos de enero la empresa incumplió también el depósito del salario correspondiente a diciembre. Desde entonces, la asamblea de trabajadores de Tiempo definió una serie de medidas de fuerza para exigirle a la empresa el pago de los sueldos adeudados, sin perjudicar la salida del diario. Todo lo contrario: asegurándola. A pesar de eso, diez días atrás Martínez Rojas -quien presuntamente reemplazó a Sergio Szpolski y Matías Garfunkel en la conducción de la sociedad- tomó la decisión de no imprimir más el diario.

Desde ese momento, lostrabajadores realizan una permanencia pacífica en la redacción.

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