A cargo de la custodia de su lugar de trabajo

En el acta de la última audiencia, la comisión interna dejó constancia que “el diario no se está publicando por decisión de la empresa” y que “los trabajadores continúan concurriendo habiendo quedado a su custodia”.

La permanencia de los trabajadores de Tiempo Argentino acaba de cumplir una semana este viernes. Hace siete días la asamblea resolvió permanecer en las instalaciones para resistir a la decisión empresaria de no imprimir el diario hasta tanto “no se solucionara el conflicto”. Un verdadero lock out patronal que obligó a los trabajadores, muchos con hijos y familia, a permanecer en las instalaciones para impedir la posibilidad cierta de un vaciamiento definitivo de la redacción.

A pesar de las provocaciones patronales (autos con patentes dadas de baja fotografiando el ingreso de los trabajadores y la ausencia absoluta de repuestas a los llamados insistentes de los delegados para conocer los planes de la empresa) la “permanencia” masiva se transformó en un punto de reagrupamiento de los trabajadores y un imán de solidaridad proveniente de distintos puntos, desde compañeros de todo el gremio hasta expresiones políticas, artísticas y culturales del más amplio espectro.

La empresa, sin embargo, pretendió instalar la idea de que se trataba de un “acampe” plagado de excesos y descontrol. En la audiencia de ayer, sin embargo, y luego de la intransigencia patronal para negociar un plan de pagos y abandonar el enrarecimiento de la situación, los delegados exigieron al ministerio de trabajo que el acta de la reunión pusiera blanco sobre negro sobre responsabilidades en el conflicto. El acta, finalmente rubricada con las firmas de la parte patronal y la sindical, asegura que “la parte trabajadora manifiesta que deja constancia de que el diario no está siendo publicado por decisión de la empresa” para luego explicar que “los trabajadores continúan concurriendo a su lugar de trabajo, habiendo quedado a su custodia el mismo”.

Un pequeño triunfo para los trabajadores y un trago amargo para la patronal que, además de dejar en claro las responsabilidades de una y otra parte se adelanta a cualquier intento de despidos por “abandono de trabajo” o acciones judiciales por “usurpación”. La patronal, otra vez, quedó sin argumentos. La constancia está a la vista.

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