Las Madres y Tiempo Argentino, juntos desde el primer día

Por Demetrio Iramain – 30 de septiembre de 2010

En la tarde de ayer, jueves 11 de febrero, la histórica marcha de las Madres en Plaza de Mayo (que el próximo 30 de abril cumplirá 39 años ininterrumpidos de ocupación política de ese sitio histórico), fue acompañada por un grupo de trabajadores de Tiempo Argentino, en lucha por el pago de los salarios adeudados y la continuidad de la fuente laboral. Hebe de Bonafini y sus compañeras dieron cobijo a la justa pelea que mantienen los trabajadores de este medio de prensa. El periodista Juan Alonso, quien habló en representación de quienes mantienen ocupado en forma pacífica la sede del diario, recordó que “cuando Roberto Caballero me convocó me dijo: ‘Adonde vayan los pañuelos blancos, ahí va a estar Tiempo Argentino’. No pensamos traicionar esa frase”. Efectivamente, Tiempo Argentino y las Madres recorrieron el mismo camino desde 2010, cuando fue fundado el diario, hasta hoy. Tanto, que desde el nacimiento de la revista mensual de la Asociación Madres de Plaza de Mayo (¡Ni un paso atrás!, en octubre de 2011), el diario la distribuyó  junto a su edición del día, en todos los kioscos.

Como testimonio de ese mutuo acompañamiento, reproducimos la nota publicada el 30 de septiembre de 2010, escrita por Demetrio Iramain (columnista permanente de Tiempo Argentino y director de la revista de las Madres), en relación a la campaña mediática de desprestigio lanzada entonces contra Hebe de Bonafini, luego de que la titular de las Madres llamara “turros” a los ministros de la Corte Suprema y planteara la posibilidad de tomar pacífica y simbólicamente el palacio de Justicia para que por fin se aplicara la ley de servicios de comunicación audiovisual. Como hoy el diario.

Hebe y Eva, dulces y fanáticas

Así, fanáticas quiero que sean las mujeres de mi pueblo”, dejó escrito en su último mensaje Eva Perón. A casi 50 años de aquel mandato, Hebe de Bonafini encarna la pulpa de ese vital concepto ético y político, que jamás debieron desatender los protagonistas de las luchas populares argentinas: la necesaria juntura que une a razón con pasión, a política con sentimientos; con el corazón, la cabeza.
La huella del terrorismo de Estado en la magistratura argentina es intensa y penetrante. A veces burda, otra sutil. Lo expresaron las Madres en su reciente juicio ético y político a los jueces de la dictadura, en el que aportaron abundante prueba documental para demostrarlo. Si el Parlamento vota una ley, y al año de su sanción continúa frenada en sede judicial, ¿eso es democracia? Si la justicia actúa así, ¿pueden ser tildadas de antidemocráticas la protesta, la calle, la acción directa?

La Ley de Medios tiene una única intencionalidad: que los actores dominantes del espectro comunicacional de la Argentina cedan posiciones abusivas a otros actores de la comunidad, que también merecen (y demandan) voz, cámara y micrófono. Si el artículo de esa ley ahora puesto en discusión exceptuara al grupo mediático que más licencias concentra, la ley se convertiría en un buen gesto de nuestra democracia y nada más. Una expresión de deseo, apenas una anécdota de nuestra institucionalidad. Turros.

Por lo demás, no le pida nadie a Hebe que recurra a la retórica perversa de un Van der Kooy, por caso. Jamás apelará a una extraña construcción lingüística para desear la muerte del enemigo político, como suspiró Morales Solá al sugerir “la finitud kirchnerista” hace algunas semanas.

Hebe habla como la gente entiende. Tiene un discurso de clase. De ahí su apelación a tomar el Palacio de Justicia, esa institución fundamental del Estado republicano, pero que ante el avance decidido de la democracia, de sus instituciones, del pueblo organizado, se abroquela defensivamente y asume para sí un perfil resueltamente oligárquico y conservador. Un recurso legal -el de los amparos-, que debiera servir para preservar el derecho de los débiles ante el poder excesivo de los más fuertes, es utilizado con carga inversa. El insólito “Fuero Cautelar” se propone exactamente eso: no innovar. Impedir que el orden social se trastorne o modifique. Dejar la estructura de sociedad capitalista dependiente, quieta como está, bajo el perpetuo dominio de sus históricos ganadores.

Quienes, a pesar de sus buenas intenciones, cuestionan los planteos y posiciones más contundentes de las Madres, poco han comprendido la última gran lección histórica: si los procesos sociales de transformación son verdaderos, aun en la peor circunstancia (y la noche del 28 de junio del año pasado lo fue), se puede sacar lo mejor de sí para profundizarlos. El matrimonio presidencial lo ha demostrado una vez más, porque evidentemente ha contemplado la otra gran enseñanza de nuestra historia contemporánea: la de las Madres de Plaza de Mayo.

Siempre tuve una íntima certeza: cada vez que las Madres provocan espanto e ira en unos, despierta pasiones en otros. Esos otros son millones. No salen por televisión. Pero tienen voz y voto. Piensan. Llegado el caso no lo dudan: ponen el cuerpo. De ellos será la victoria final, así en la Ley de Medios como en tantas otras que restan todavía. Hebe sí es Todos Nosotros.

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