“TODO LO QUE ME GUSTA ME DA MIEDO”

Por Nicolás Peralta – 3 de noviembre de 2013

En septiembre de 2013, durante el festival de cine de San Sebastián, Tiempo Argentino publicó entrevistas,  exclusivas,  con Hugh Jackman, Diego Luna, Oliver Stone, Alfonso Cuarón, Carmen Maura, David Byrne, Todd Haynes y Cesc Gay, entre otros. Aquí, Alex de la Iglesia.

En una borrachera demencial a las cinco de la mañana en un local repugnante de Madrid, un individuo que lo odiaba a muerte le dijo: “No entiendo por qué directores como tú se empeñan en seguir rodando, ¿qué os hemos hecho? Ya está. ¿Por qué sigues haciéndolo?” Y Alex de la Iglesia contestó, con su típico gesto apático: “Es que tengo que remediarlo.”

Así es: Alex nunca está conforme con el producto final. Desde fuera la gente que no entiende el proceso de elaboración de una película cree que eso es perfeccionismo. Y no lo es, al menos para él. “Es salvar la película. Es que se entienda lo que quiero decir”, comenta en San Sebastián el director que viene esta semana a nuestro país a dar una masterclass y a preestrenar su última película, Las brujas, que se estrena el próximo jueves. “Me gustaría vertebrar un discurso acerca del cine y poder compartirlo respondiendo a una serie de preguntas que me haga la gente y que me conduzcan a dar ejemplos. Pero no voy a explicar mis películas, eso me parece un aburrimiento de la hostia”, bromea el autor y director de películas de culto como La comunidad, El día la bestia, Muertos de risa, 800 balas, Crimen ferpecto, entre otras con su marca registrada.

Sus películas son fiel reflejo de la misantropía que el director padece. Es, por tanto, una persona que muestra antipatía por los seres humanos y la humanidad toda. Sus films son frenéticos, alocados. El último, que presentó en el 61º Festival de Cine fuera de competencia, no es la excepción: Las brujas mezcla mitología vasca con el culto a la diosa madre, con un interés lúdico y voluntad  lisérgica de divertir. “La idea de la película es entretener. Reírnos de la guerra entre sexos, de lo tontos que pueden a llegar a ser los hombres y lo malvadas que pueden llegar a ser las mujeres. Hay muchas películas  donde se ve que las mujeres hablan mucho de los hombres, pero en pocas películas vimos hombres hablando de las mujeres, era algo que quería hacer. Me apetecía contar hasta qué punto podemos llegar a ser débiles y manipulables, como somos frente al poder de las mujeres.”
–¿Cómo te sentís frente a una mujer fuerte?
–Las mujeres siempre me han provocado una mezcla de admiración y de miedo. En el fondo, todo lo que me gusta me da miedo y las mujeres me gustan mucho. La idea no es sólo hablar de brujas, sino de las mujeres con poder. Me gusta la mujer que domina, que te convence. Si me riñe, mejor. Me gusta la mujer que sé que me puede hacer muchísimo daño, es un hecho. Con esta peli he intentado reírme de mí mismo, y de muchos amigos que viven esta crisis de los 40. De pronto, descubres que no entiendes la realidad, no entiendes el mundo, parece que acabamos de llegar, pero no, llevamos años aquí, pero todavía no sabemos hablar con una mujer, ni conseguir lo que queremos. Existen estrategias, pero te llevan a la ruina. Estamos en inferioridad de condiciones en una guerra sexual, estamos perdidos ante el dominio y la manipulación de una estrategia superior.
–¿Esto es un “mal global”?
–Yo creo que en la Argentina me entienden porque sufren de la misma enfermedad. Necesitan una mujer muy poderosa que les diga lo que tienen que hacer. Eso es un problema que intento resolver para ser feliz. La resolución es enfrentarme a eso, vivir lo máximo posible aterrorizado por las mujeres. A la clásica oposición del feminismo, que es que no se las considera, yo digo: ¿qué pasa si las sobreconsideramos?, se asustan. La mujer no es inferior al hombre, ni igual, es superior. Y no veo respuesta inteligente ante eso. Aunque sólo lo digo para que me peguen, porque es una manía sexual que tengo, me gusta que me peguen (risas).
–¿Cuales son tus manías como director?
–Hoy mismo estaba haciendo la película, cada vez que la veo quiero continuarla, ya se estrenó, se acabó pero la veo y hay errores, problemas, cosas que se pueden mejorar, planos que se podían cambiar, maneras de contrastar más una imagen, de todo. El trabajo no acaba nunca para mí. Si obsesión es la palabra, todo lo demás me parece superfluo. Por favor, que nunca un familiar lea esta entrevista, que nunca alguien al que quiero se entere, pero lo único que me importa en el mundo es mi trabajo. Lo único que me importa es lo que estoy haciendo. Me cortaría un dedo, acá adelante tuyo, por mejorar la película. Con un cuchillo y que la sangre te salpique la cara. Si me dijeran que sirve para mejorar la película, no dudaría en hacerlo.
–¿Cuándo cambiás una obsesión por otra? 
–Hay un momento que de golpe te desembarazás de ello. Pero todavía estoy implicado emocionalmente con esta. Hay noches en las que no duermo y me digo: “La he abandonado, cómo he podido estrenarla, si me dieran dos meses más esa película sería perfecta.” Con Acción mutante, mi primera película, le he pedido a los productores que me permitan montarla y sonorizarla otra vez y me han dicho: “Tú eres idiota, ¿a quién quieres vender esto?” Quiero hacerla otra vez, sé que la puedo hacer mucho mejor. Pero no se puede. Entonces dices: “Ok, vamos a hacer otra, la anterior no hay quien la salve. Esto se ha jodido, esto es un desastre, vamos a por otra.” Y entonces empiezas un nuevo proyecto y te enamoras de algo nuevo. Hay un momento mágico en que se dice “ups, esto es una película”.
–¿Te pasó?
–Sí, es como si la vieras, como ver un ciervo en el bosque. Una vez iba en un taxi y se me ocurrió la idea de dos humoristas que se pegan y la gente se ríe porque se pegan y, cuanto más se pegan, más risas y, claro, se terminan matando. Y uno dice tengo película, Muertos de risa, pero, la verdad, no sabés nunca a qué corresponde ni cuándo te va a pasar.
–¿Creés que la crisis, como la que atraviesa España, trae creatividad?
–Sí, rodando películas increíbles. Afortunadamente, es por la creatividad de quien la pensó, no depende de la torpeza del gobernante. Sería muy triste saber que somos mejores porque nuestro gobierno es cada vez peor, no quiero llegar a esa conclusión. No quiero depender del gobierno a ese nivel. La crisis afecta sin dudas en el plano de qué películas se hacen, y cómo, pero la solución está en acrecentar el ingenio y no depender de nadie. En este país, como en el tuyo, crecemos en la adversidad. Argentina es una maravilla, viviría allí, encuentro a mucha gente enamorada de las cosas que a mí me gustan y eso me hace ver Argentina como un lugar muy cercano.
–No hacés cine denuncia, no es lo tuyo.
–Todo el mundo tiene derecho a hacer lo que quiera y contar las historias que quiera. En mi caso, no me gusta el cine social, ni el cine comprometido. Ya tengo 47 años. A mí me gusta que en mis películas se entiendan las cosas de una manera más indirecta. Vivo cerca de la Puerta del Sol (en el centro de Madrid), entonces, viví toda la indignación, vivo todos los domingos todas las manifestaciones que se celebran allí. En ese sentido, claro, vivo muy de cerca esa sensación de crispación que hay en el país. Esa sensación de esto no va a ningún lado, no soy catalán pero me gustaría serlo para salir de aquí (risas), ese tipo de cosas… Hablar de ello directamente me parece una falta de gusto. Si vas a ver una película quieres divertirte, por eso no quiero hablar directamente, no agobiar a la audiencia porque a mí no me gusta  que me agobien, a mí me gusta que me diviertan.
–¿Tenés fascinación por la violencia?
–Mi cine hace una representación lúdica. Tengo una tendencia a hablar en términos universales por culpa de mi educación, así que discúlpame: el hombre ama y mata. Pero si hay que elegir, es más fácil decir que mata. Porque si tú estudias la humanidad desde sus comienzos, hemos matado más que amado, eso es un hecho, un hecho refrendado por el Concilio Vaticano segundo. El hombre es evidentemente amor, pero eso es más un deseo que una realidad. La violencia forma parte del comportamiento humano y me encanta que sea así. Y me encanta reconocerlo. Lo mismo que el humor. Lo mejor del mundo es el humor. No es una tontería para perder el tiempo antes de que llegue lo serio, como prácticamente todo el mundo piensa. El humor es la esencia de la vida. El humor es el escudo y el arma que tenemos para defendernos del horror y el sinsentido de la vida. Es infinitamente más importante que el segundo plato, que se supone que es el contenido.
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