Evo espera mientras la oposición festeja por el referéndum

Los primeros datos oficiales marcaban un triunfo del NO a la consulta popular en Bolivia para habilitar al presidente Morales a una nueva reelección. El gobierno habla de empate técnico y pide esperar.

Lo que en la previa podría haber parecido un cómodo trámite electoral se terminó convirtiendo en un sobresalto para el gobierno de Evo Morales. Al cierre de esta edición, los resultados oficiales, con menos del 30% de las mesas escrutadas, le daban un triunfo abrumador a la oposición boliviana, al marcar un rechazo del 63% a una nueva reelección en el año 2020, cuando termine su actual período. Los sondeos a boca de urna, a su vez, hablan de un 52% por el NO y un 48% por el SI.

Obviamente, los representantes de los partidos de la derecha salieron a festejar por adelantado el triunfo, mientras que en el Palacio Quemado, la sede del gobierno en La Paz, el vicepresidente Álvaro García Linera puso paños fríos al festejo recalcando que hay que esperar el recuento definitivo, que puede durar varios días, y sobre todo, que el margen de error en las encuestas no permite avizorar una cifra concluyente. Además, insistió en que todos los números que puso sobre el tapete la oposición tienen en cuenta los votos dentro de Bolivia y no los que vienen del exterior, que según adelantó, son ampliamente favorables al presidente que más tiempo ocupó el cargo en la historia de ese convulsionado país sudamericano.
Morales, de origen aymara, provocó desde su llegada al poder en 2006 los cambios más profundos en la historia de ese país, y busca una nueva reforma a la constitución que puso en vigencia en 2009 y que creó el Estado Plurinacional de Bolivia, que otorga estatus de nación a 36 comunidades indígenas. Morales, en este lapso, generó un rotundo giro en la economía en beneficio de los sectores más humildes de la sociedad -que son los aborígenes- por lo que desde entonces incrementó la furibunda enemistad de las clases tradicionales oligárquicas ligadas al capital extranjero.

Para consolidar este proceso de refundación del país, Morales y el partido gobernante, el MAS, propusieron un nuevo mandato, hasta el 2025. El amplio apoyo que en 2014 le dio un nuevo período -63%- era un buen indicador de que si había un momento para proponer una reforma política era este. Más aún cuando todos los indicadores de la economía muestran inocultables signos de que nunca los desposeídos tuvieron tanto desde la llegada de los europeos a esta parte del mundo.
Pero por ahora habrá que esperar resultados más categóricos. Mientras tanto, el líder de la opositora Unidad Nacional, el empresario Samuel Doria Medina, derrotado por Morales en tres ocasiones, saludó “al indómito pueblo boliviano” al considerar que “se ha sepultado el proyecto de convertir a nuestro país en un proyecto de un solo partido, en convertir a nuestro Estado en autoritario”.

Otro enemigo de Morales, el gobernador del rico departamento de Santa Cruz -donde en 2009 planteaba la secesión- el opositor Rubén Costas, aplaudió a un “pueblo que defiende la libertad y la verdadera justicia”.

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